Sergio Muñoz

Snowden se defiende y nos defiende

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3 de junio de 2014 21:57

Edward Snowden, el hombre más buscado por el FBI, dio una entrevista televisiva a Brian Williams, de la NBC, la semana pasada, en la que con imperturbable lucidez explicó sus motivos para revelar los programas masivos y secretos de vigilancia que mantiene el Gobierno estadounidense para obtener información sobre sus enemigos, sus ciudadanos y determinados líderes de países aliados de EE.UU. 

Muy probablemente, la razón principal para reaparecer en público era hacer flotar la idea de un posible regreso negociado a Estados Unidos.
Su presentación ha resucitado el viejo tema del traidor o el patriota. Para el Gobierno estadounidense, Snowden es un traidor que puso en riesgo la seguridad nacional al revelar secretos militares, poner en alerta a los terroristas que están siendo vigilados y arriesgar la seguridad de los agentes estadounidenses.
Para Snowden y sus abogados, es un patriota cuya conciencia y amor a la patria lo llevaron a denunciar el atropello constitucional que perpetúa el Gobierno, escudado en el manto de la seguridad nacional. Una caracterización que, por cierto, coincidió con la medición de la reacción de la audiencia mientras transcurría la entrevista y que al finalizar reveló que el 59% pensaba que más que traidor, era un patriota, a tiempo que el 41% dijo que era un traidor.
Snowden dice que cuando descubrió la magnitud de los programas secretos de vigilancia instituidos por George W. Bush y continuados por Barack Obama, decidió entonces divulgar su contenido por considerarlos inconstitucionales.
Según el Gobierno, en este sistema democrático no tenemos derecho a saber qué tipo de información recopila el Gobierno. Si esto es así, ¿cuáles son los límites a mis creencias políticas o filosóficas? En una sociedad libre, el individuo no tiene que justificar sus acciones o sus pensamientos.
Algunos de los críticos de Snowden le reclaman que no hubiera agotado las instancias internas para denunciar los abusos que observaba antes de hacer la filtración a los medios. Snowden dice que sí lo hizo y que sus protestas dejaron huella. John Kerry le recrimina con bravuconadas por no ser “macho” para enfrentarse a un tribunal de justicia.
Esa fue la experiencia de Daniel Ellsberg cuando intentó defenderse explicando por qué había copiado los documentos que evidenciaban las mentiras del gobierno de John F. Kennedy y Lyndon B. Johnson sobre la guerra en Vietnam. Y eso fue también lo que le sucedió a Chelsea Manning, el soldado que reveló algunas de las atrocidades del Ejército estadounidense en Iraq, cuando el juez militar la declaró culpable de manera sumaria.
Yo espero que este no sea el final de Snowden, porque coincido con Ellsberg cuando lo describe como una persona que “ha demostrado su patriotismo, su estatura moral y su lealtad a la Constitución de EE.UU.”.