20 de June de 2013 00:02

Siria no es país para kurdos

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Prohibición de reunirse u organizarse social o políticamente y de hablar o escribir en su lengua, desapariciones forzosas, desplazamientos de población y cientos de miles de personas despojadas de documentación... Ser kurdo en Siria antes de la guerra civil era todo un desafío, y lo sigue siendo.

Divididos por las fronteras de Siria, Iraq, Irán y Turquía, 40 millones de kurdos conforman hoy el mayor pueblo sin Estado del mundo.

En Siria suman alrededor de tres millones los kurdos y constituyen así la principal minoría, superando apenas a los alauitas, el grupo étnico-religioso al que pertenece Bashar Al Assad, el presidente del país.

Tras más de cuatro décadas de brutal represión a manos de Hafez Al Assad (1930-2000) primero y luego de su hijo, este pueblo ya tuvo un conato de rebelión en 2004. A nadie extrañó entonces que se sumara al levantamiento en marzo de 2011.

Poco después, los kurdos se sacudieron el yugo de Damasco autogestionando una región en la que brotaban centros sociales, escuelas en su lengua y partidos políticos -algunos nuevos y otros que reaparecieron tras décadas de estar en la clandestinidad- protagonizando una auténtica revolución.

No obstante, se dispararon los rumores en torno a un supuesto pacto entre Damasco y los kurdos. Mientras Alepo, la segunda ciudad más importante de Siria, ubicada 300 kilómetros al norte de Damasco, era arrasada por la aviación gubernamental, milicianos kurdos declaraban a IPS "no haber disparado un solo tiro". "Los kurdos de Siria apostamos por una revolución pacífica que trajera paz y democracia a todo el país", explicaba en septiembre Salih Muslim, líder del Partido de la Unión Democrática (PYD), el sector político dominante en esta comunidad con una ideología afín a la del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK). "Sabíamos que Al Assad no caería en tan solo dos meses, por lo que organizamos a nuestro pueblo en comités de defensa civil para garantizar la seguridad de nuestra gente", añadía.

Los colores kurdos -amarillo, verde y rojo- son hegemónicos en las zonas bajo su control, mientras que la bandera esgrimida por la oposición árabe del país es la gran ausente.

Hasta ahora, los kurdos de Siria se agrupan en más de 30 partidos .Algunas de estas agrupaciones mantienen estrechos vínculos con otros partidos de esta etnia de los países vecinos y el espectro de sus demandas abarca desde la creación de una región autónoma similar a la de Iraq -un país de facto- hasta el más humilde pero aún ambicioso "reconocimiento de los derechos constitucionales del pueblo kurdo de Siria", en palabras de Muslim."Damasco no tiene miedo de nosotros porque sabe que ni siquiera exigimos una región autónoma, solo reivindicamos el derecho a la autodeterminación individual sin romper el Estado Sirio", detallaba el líder político kurdo más prominente del país.

IPS

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