El balón de la alegría

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Simón Espinosa Cordero

Cuando Lio Messi dormía en la noche estrellada del martes 10 de abril de 2018, soñó que el Sol giraba alrededor de la Tierra. Le asaltó la pesadilla de que la Tierra giraba en torno al Sol. Lio temblaba. El sueño se volvió profundo: zapatos de fútbol daban la vuelta a la Tierra. Adidas, en primavera. Nike, no en verano. Sala, en otoño. Puma, en invierno.

Abrió los ojos en Nike: El “balón de fútbol Rusia 18”, le dijo a Messi: “Amanecí, de nuevo, junto a tus pies y desperté llorando de alegría”.

Lio volvió a dormirse. Al ver que el Diablo creaba una caterva de árbitros, Messi, dando un grito de horror, se despertó con miedo. Era ya el 11 de abril. En esa fecha el Barça perdió la Champions en Roma ante la Roma. El papa Francisco sufrió una crisis de desesperanza.

¿Por qué una mitad del mundo habla de fútbol? ¿Por qué, entre el 14 de junio y el 15 de julio, se eclipsará el hemisferio izquierdo del cerebro humano, el de la razón y la lógica? ¿Por qué la Copa Mundial Femenina de la FIFA se ha propuesto enloquecer el orbe de la Tierra con más emoción y gracia que la Copa de Fútbol Masculino ¿Se extinguirá e l futbol de varones?

Siete son las respuestas a los porqués mencionados. La belleza del fútbol, el sadismo del espectador, la monotonía de la vida, la imaginación de la sensualidad, el deseo de aplastar al otro, el identificarse con la gloria, y el ver sudar a millonarios en su estado natural.

La belleza del fútbol radica en que es un ballet en el césped. Once mozos en pantalón de baño al son de aplausos y quejas ensayan una batalla campal. Nos dan un baño de adrenalina. Ajedrez en movimiento. Circo del Sol.

El sadismo del espectador quiere sangre, sudor y lágrimas. Una patada en el tobillo del jugador más hábil nos hace salivar. El gigantón Sergio Ramos, al más puro estilo del duque de Alba, dijo a la prensa que preguntaba sobre su llave de Judo a Mohamed Salah,: “¿Salah? Hay jugadores de moda, pero Messi y CR7 son de otra órbita”. Sal en la herida.

La monotonía de la vida por trabajos repetidos sin horizonte ninguno se cura, cada fin de semana, con asistir a un estadio o sentarse ante la tele para gustar un partido con una fuente de canguil a la mano y una botella de cerveza fría refrescando el gaznate seco de palabrotas o afónico de gritar ¡Goooool…!

La imaginación de la sensualidad se excita con los viriles y hábiles jugadores y sus pases a ras del césped, los saltos para cabecear el balón, los cambios de camiseta, los tiros libros que traen la imagen secreta Victoria y David Beckham, la anatomía de Ronaldo El Portugués. y las cosquillas que prodúcela Pulga Messi, omnipresente en la cancha.

El deseo de aplastar al otro es la meta del fútbol. Triunfar. ¡Ay del looser en los medios!
Y no puedo proseguir, porque el árbitro me ha sacado tarjeta roja,