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23 de March de 2014 00:01

¿Será verdad? ¿Será verdad que es posible amarse para siempre? Muchos piensan que es una empresa demasiado difícil y sienten que el desafío de vivir juntos para siempre es fascinante, pero demasiado exigente, casi imposible... De hecho, hoy muchas parejas parecen casarse como si se tratase de una prueba, un tiempo siempre relativo a la satisfacción o al aguante. El "fue bonito mientras duró" se convierte así en el preludio inmediato del "ciao, pescao".

Más allá de los problemas de relación, muchas personas tienen miedo de hacer opciones definitivas. Es un miedo general, propio de nuestra cultura inmediatista, en la que la satisfacción de los deseos se antepone al compromiso de la vida. Pareciera que el amor, como los yogures, tuviera fecha de caducidad... Todo cambia rápido y nada dura demasiado.

A mi juicio, el tema de fondo es qué entendemos por amor. ¿Será sólo un sentimiento, un estado psicofísico? Si así fuere, es evidente que el amor tiene poco futuro. Pero si, en cambio, el amor es una relación y un compromiso, entonces es una realidad que crece, un proceso que es capaz de integrar también el sufrimiento. Las viejitas de mi pueblo, cuando ven a los pelados cogiditos de la mano, arrebolados por la calentura del deseo, suspiran y sentencian: "¡Ay, primer amor... primer dolor! Siempre hay alguna veterana de estas guerras que sentencia llena de razón: "¡Y último amor... último dolor!". Ellas saben, así es la vida, que comenzar a amar es comenzar a sufrir. Nada saben del eros y el tánatos, pro la experiencia les dice que amar no es tan fácil. Precisamente por ello es necesario cuidar el amor, lo que se ama, a quien se ama. Es la única manera de cauterizar el miedo y de arriesgar algo, más allá del hambre de seguridad, de bienestar o de codicia.

Con motivo de la fiesta de San Valentín, el Papa Francisco le aconsejaba a miles de parejas de novios reunidos en la Plaza de San Pedro: "El miedo se cura día a día, encoméndandose al Señor Jesús, convirtiendo la vida en un camino cotidiano, construido por pasos, pasos pequeños, pasos de crecimiento". Lo que importa no es el tiempo, sino la calidad de la vida y del amor. Por eso los poetas, incluida Mercedes Sosa, cantan aquello de que "la vida es eterna en cinco minutos"... A los cristianos nos gusta poner estas cosas en manos de Dios, porque intuimos que se trata de un compromiso mayor, sagrado, irrepetible. Por eso, cuando rezamos el Padrenuestro, al decir "danos hoy el pan nuestro de cada día", bien podríamos decir: "Señor, danos hoy nuestro amor de cada día",...

En cualquier caso, toca construir, empujar y saber sacrificarse. Vivir juntos es un arte, un camino paciente, hermoso y fascinante que hay que saber pronunciar. Y, puestos a pronunciar, habría que recordar tres palabras claves: permiso, gracias y perdón. La prepotencia no funciona ni en política... porque el respeto, la autoridad y el amor, no se imponen; más bien se ganan día a día y, siempre, con humildad. Ah, y con cortesía. Dirán que soy un rancio... pero creo en estas cosas y la vida me ha enseñado que, sin ellas, las relaciones humanas no le funcionan a nadie.