Enrique Ayala Mora

Showelecciones

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16 de November de 2012 00:02

La política tiene una dimensión de espectáculo. Sus protagonistas actúan en escenarios y manejan contenidos mediáticos. Esto se ha agudizado sobre todo con la ampliación de la ciudadanía y el electorado. Pero se ha llegado al extremo de tratar de vaciar a los actos electorales de su contenido político, transformándolos en puro show, con candidatos que son gente del espectáculo.

No es la primera vez que las listas de casi todas las fórmulas electorales incluyen a artistas, figuras del deporte, reinas de belleza o presentadores de los medios de comunicación. Pero ahora la tendencia se ha acentuado. Y no solo eso, sino que los procesos eleccionarios tienen cada vez más de espectáculo.

En todo el mundo, los candidatos son políticos, personas que se han dedicado a la “cosa pública” y tienen una vinculación orgánica con la fuerza que los patrocina. Es decir, son militantes con identificación con una ideología y con un partido. Aunque en todas partes, estos “políticos” arrastran la mala fama de la política, se espera que una vez electos actúen de acuerdo con sus principios ideológicos y con las posturas de la organización a la que pertenecen.

Con frecuencia se incorporan a las listas electorales dirigentes de los trabajadores u otros líderes sociales. A veces se presenta un candidato que no fuera, digamos, “político”. Quizá un diplomático o general exitoso, incluso algún artista. Pero han aceptado previamente la identidad y los compromisos del partido al que se han incorporado.

Pero los show-candidatos que llevan al campo electoral su escenario. La política se vuelve de este modo una continuidad del espectáculo de masas. No se discuten planes ni programas, peor aún definiciones doctrinales. La acción se centra en la simpatía del candidato, sus actos, aventuras y gustos personales. Se eliminan las contradicciones sociales. Se “despolitiza” la elección de adrede.

Las reinas de belleza dicen que van a la Legislatura a “hacer el bien”, como repartir confites a los niños pobres. Los deportistas solo aciertan a afirmar que con ellos “gana el país”. Los presentadores de televisión ofrecen que van a multiplicar sus “denuncias”. Cumplen la obligación de decir algo, pero todo el mundo sabe que la gente no va a votar por ellos por su discurso, sino por simpatías previas.

En un país en que todo el mundo: comunicadores, empresarios, taxistas, amas de casa, y desde luego también los propios políticos, han procurado demoler los sistemas de representación, en que se identifica a todos los partidos con mafias, en que se prefiere caudillos autoritarios a dirigentes que representan posturas, no es raro que se haya impuesto las “showelecciones”. Pero algún momento tenemos que pensar en estructurar un sistema de partidos y un mecanismo serio de participación electoral.