Marcelo Ortiz

¿Será posible la introspección?

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Es necesario que el proceso intelectual que la conciencia hace de sí misma, llegue a las alturas del poder político que ya cubrirá, en poco tiempo, nueve largos años inéditos en nuestra vida como República, y tal vez, ya tediosos para nuestro pueblo. Si consideramos que al 2017 cubrirá 11 años y medio del consabido discurso, que los sábados llega al éxtasis, nos conduce a soportarlo inexorablemente. En cambio, las variables imprevistas que podrían incomodar este último tramo de ejercicio, son: los bajos ingresos por el rubro petrolero, el endeudamiento externo agravado en montos excesivos, la ausencia total de reservas y el desgaste del poder absoluto encabezado por aquel círculo cerrado correísta de visión excluyente, por considerarse a sí mismo, como infalible.

Sería muy positivo, para nuestro pueblo, que las personas que conforman el entorno del poder presidencial omnímodo, a partir de quien está en la cúspide del poder político, decida hacer un alto o cierre temporal de su accionar para abrir una necesaria introspección; esto es un examen de sus interioridades y así salir aunque sean minutos o mejor si son horas y días, del tráfago que tiene la vida política. Ese descanso mental, afirman los psicólogos, es necesario por las enormes responsabilidades que afrontan los líderes políticos y personas cercanas.

Jonathan Davidson, profesor de Psiquiatría de la U. de Duke, definió como síndrome de Hybris, en apoyo al criterio de David Owen,otro experto. La sintomatología de los padecimientos que sufren los mandatarios tiene estas características: euforia, irritabilidad, exceso de autoconfianza, negación de la realidad y poco descanso mental que conduce a la falta de sueño.

Mientras que otros psicólogos opinan que todos los políticos deberían someterse a pruebas de salud mental periódicamente, para ejercer bien sus funciones. La investidura, que ostentan por voluntad popular, les obliga a concurrir donde médicos especialistas, pero lastimosamente ese camino rara vez es transitado por quienes están en la cúspide del poder.

Durante estos años de correísmo, no hemos escuchado en el repertorio sabatino, ni en las constantes declaraciones de ejercicio del poder, especialmente inaugurando obras físicas producto de la bonanza de ingresos, mensajes que influyan positivamente en la vida común de los ciudadanos. Tampoco han tenido calidez los saludos de Año Nuevo, ni ha habido reflexiones por la amistad y el amor en febrero, ni en la exaltación del trabajo humano del día 1 de Mayo, ni en los discursos de homenaje por los días de la Madre y del Padre, para situar estos hechos en los primeros seis meses de cada año.

Estos elementos analizados conducen a la necesidad de la introspección de quien ejerce el poder absoluto en el Ecuador, para lo cual se requiere de un alto o cierre temporal de las tareas políticas, o mejor aún, de un descanso necesario que involucre a quienes integran la cúpula de su gobierno.

mortiz@elcomercio.org