Enrique Echeverría

Seguro de amas de casa

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eecheverria@elcomercio.org

Fuertes y, en ocasiones enconadas discusiones sobre el seguro social para las amas de casa, tratan de presentar, por un lado, un hecho “histórico” y de beneficio para ellas, mujeres que atienden las labores del hogar, la crianza de los hijos, la atención personal a los miembros de la familia y que, por estos y otros trabajos que incluyen hasta la limpieza, sin horario y sin días de descanso, no reciben remuneración alguna.

Los otros, con menos carga sentimental y con los ojos abiertos a la realidad económica, estiman que, en fin de cuentas, el seguro de las amas de casa es un bonito anhelo pero poco realizable, pues las beneficiarias –amas de casa- deben pagar un aporte durante 20 años, con la perspectiva de obtener únicamente una pensión jubilar y alguna atención en caso de situaciones catastróficas.
Los asambleístas de Montecristi, amigos de legislar beneficios pero con plata del Estado, establecieron en el art. 369 de la Constitución (que casi nadie respeta), lo que sigue: “Las prestaciones para las personas que realizan trabajo doméstico no remunerado y tareas de cuidado, se financiarán con aportes y contribuciones del Estado”.

Pero con la Ley de Justicia Laboral y Reconocimiento del Trabajo no Remunerado, el financiamiento ya no es solo del Estado, sino también de las propias beneficiarias.

Hubo mucha ilusión cuando la propaganda dijo que la contribución familiar para el seguro de la ama de casa sería únicamente de dos dólares. En la realidad, según un análisis publicado en EL COMERCIO el 26 de abril de 2015, la cifra de dos dólares existe, pero limitada para quienes cuentan con menos de 177 dólares mensuales. ¿Quién subsiste con 5,90 dólares cada día, si se piensa en mujeres con hijos y con la carga económica de su crianza, alimentación, educación y más?

Hay una categoría un poquito mayor: quienes tienen ingreso entre 177 y 354 dólares al mes. Es un nivel bastante pobre, pero ya deberían aportar 9,40 dólares mensuales. Avanzando un poco, quienes tengan un ingreso de 354 dólares (salario mínimo vital) y 531, deberán aportar 15,80 dólares cada mes para financiar su seguro.

Desde luego se compromete un aporte del Estado superior al de las mujeres aseguradas sin remuneración. ¿Se cumplirá o será como el pago de la deuda?

Hemos visto en entrevistas en la TV, a madres de casa muy entusiastas, indicando que ya siendo afiliadas esperan tener atención en la salud personal y de sus miembros de familia; otras, préstamos quirografarios y todos aquellos rubros a que tienen derecho los afiliados generales. No han reparado que lo único que financiará su aporte mensual por 20 años, será básicamente una pensión jubilar.

Menos mal que este seguro no es obligatorio. Pero no deja de ser un primer paso. ¿Y qué tal si se expide una ley similar para los “amos” de casa?