Roberto Salas

Seguridad

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1 de November de 2012 00:01

Río de Janeiro, 22:15. Salgo del hotel en procura de un cajero automático para sacar efectivo y poder pagar el taxi que me llevaría a una cena. Sorpresa, el cajero no funciona. Identifico un letrero que dice: Por razones de seguridad a partir de las 22:00 hasta las 6 am los cajeros están fuera de servicio. Un amigo tuvo que pagar la cuenta del taxi.

8am. Retiro el dinero ahora sí. Camino al centro, el taxista me cuenta de los grandes avances en seguridad que ha tenido la ciudad con una reducción sustancial de robos, secuestros exprés, homicidios. El programa más conocido es la intervención de la Policía Militar en las favelas más peligrosas, rescatándolas del narcotráfico y de las mafias de robos y asaltos. Hoy las favelas militarizadas son vivibles y la gente lo reconoce como gran logro. Comento sobre los cajeros, y me confirma que es parte de medidas preventivas para evitar secuestros exprés. La gente se acostumbra a sacar dinero durante el día, reduciendo los riesgos en las noches, es cuestión de reprogramarse, me dice. Volverán a funcionar las 24 horas cuando las cosas se estabilicen.

Panamá, dos años atrás. Recuerdo la intervención del Vicealcalde Medellín en un congreso sobre iniciativas de inclusividad. Explicaba en detalle el rescate de la ciudad de la delincuencia y la reducción de la criminalidad. Lo que más llamó la atención fue lo difícil que es crear una cultura de temor al delito, en vez de una de huir del peligro. Lo principal es eliminar la impunidad, mejorar las cárceles, y apoyar la reinserción laboral y social de los ex convictos.

La impunidad tiene que ver con la eficacia y probidad del Poder Judicial. La Policía es clave para eliminar desviaciones e incentivos a delinquir. Mucho se ha hablado y escrito, las fórmulas no son un secreto, pero el ingrediente clave es liderazgo y compromiso de autoridades, sociedad civil y medios .

Mejorar las cárceles, o mejor dicho, transformarlas de antros de mayor resentimiento y vicios, en reformatorios de los convictos, a través de ayuda psicológica y el aprovechamiento del tiempo en aprender oficios productivos. Hay muchos ejemplos de colaboración entre fundaciones-empresas y Gobierno que hacen esto.

Lo más importante es apoyar a que quien sale de purgar su pena pueda conseguir trabajo. El sistema actual de empleo lo impide. Alguien con antecedentes penales está vetado de un empleo normal, es rechazado, queda solo la opción de regresar al “barrio”, o a la “banda”, donde los reciben con los brazos abiertos.

Hay ideas para una sociedad más segura. Este bien público es deuda de muchos gobiernos, y aspiración fundamental. La sociedad sería más libre, y la economía más dinámica. Si es un derecho, ¿por qué tarda en llegar?