María Cárdenas R.

¿Seguridad?

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Una y treinta de la madrugada, un día martes. Una madre recibe la llamada de su hija, mayor de edad, quien con su novio fue abordada por un patrullero sin placas. Los policías no dieron sus nombres y no tenían escarapelas que identificaran su rango ni apellido.

Pregunta: ¿En este estado de inseguridad debe un ciudadano aceptar un requerimiento de una unidad policial sin identificación? Si la Policía Nacional y Metropolitanas requieren de la identificación, las placas en vehículos particulares y más, es obligación por parte de ellos ofrecer seguridad de que son policía en turno de trabajo. Su respuesta: ¿No le basta el uniforme? Pues no. No basta un uniforme sin identificación alguna, que pudo ser robado a la Policía. ¿Por qué no tiene placas un patrullero? Es conocido que hasta el auto de toda autoridad debe cumplir el requisito, aunque una extraña “moda” les autorice a circular como dueños y señores. Simplemente no existe seguridad.

¿Qué un oficial, con grado de sargento obligue a una mujer, mayor de edad, a llamar a su madre? ¿O si no le lleva presa? ¿Por qué no al padre del joven? ¿Por qué no lo amenazaron a él claramente? ¿Qué ley lo especifica? La madre debió dirigirse al lugar, a esta hora y tener una inútil y vacía conversación en la que los ¿policías? no permitieron una palabra. La madre solicitó, lógicamente, la identificación de los agentes, la placa y a qué unidad reportaban, con todo derecho, por seguridad; más aún cuando el vehículo ¿oficial? obstaculizó el paso cuando debe estacionarse detrás del auto investigado. No dieron información pero sí amenazaron con llevar a todos a Flagrancia para que un juez explicara la infracción porque ellos no tenían por qué hacerlo, en sus palabras. Trataron de tú a todos, ¿dónde está el respeto? Por el primer nombre a la madre, porque escucharon que lo mencionó el joven, ¿corrección en trato? No es chica es joven, mujer, señorita; no es Juana, Eva ni Ana; es señora y ¡con respeto!

Procedieron a indicar que era prohibido estacionar en una avenida, imagino, en la madrugada, y darse un par de besos mientras cerraban la noche . Estamos hablando de dos adultos, conscientemente juntos, por años, no en estado etílico, estacionados correctamente al borde de la vereda, a diferencia de ellos. Como nadie se movía y, no había razones lógicas, a los 20 minutos de llegados la madre y un acompañante, por seguridad, ellos decidieron partir diciendo: “Si le violan a su hija la próxima vez, no dirán que no tratamos de protegerla.” Sin palabras y boquiabiertos. Insisto que las amenazas que aquí no constan, no deben ser acompañadas por juicios de valor por parte de ningún policía y menos si son machistas.

Llamaron al 911 para denunciar este extraño episodio. La llamada está registrada, así como una gran cantidad de ‘tuits’ a la Policía Nacional solicitando recomendaciones de cómo actuar. Queda la duda de si son o no policías o si utilizan su posición fuera de horario para fines desconocidos. La Fiscalía del Ecuador tampoco responde. Esto es realidad, no ficción ni novela. ¡Respeto al ciudadano y a la mujer!