Carlos Alberto Montaner

El secreto de los Estados totalitarios

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6 de May de 2014 00:02

¿Cuál es la pieza clave de la jaula totalitaria? Sencillo: eliminar la separación de poderes, aunque mantengan la fantasía de que continúan existiendo. Lo explico.

Max Weber, en 'La política como vocación', describió el fenómeno y acuñó la frase "monopolio de la violencia". Una facultad de los Estados para multar, encarcelar, maltratar o matar a quienes violaban las reglas.

El Barón de Montesquieu propuso en 1 748 en el 'Espíritu de las leyes': que el Estado debía fragmentar la autoridad en 3 poderes independientes para evitar la tiranía.

Esa separación --médula de las Repúblicas en los siglos XVIII y XIX, tras las revoluciones norteamericana, francesa y latinoamericanas- de alguna manera garantizaba la libertad.

Todo este preámbulo viene a cuento del bochornoso espectáculo de Venezuela, donde paramilitares, amparados por Nicolás Maduro, asesinan impunemente a quienes ejercen su derecho constitucional a manifestarse pacíficamente.

Viene a cuento del Parlamento, convertido en coso taurino donde clavan banderillas a la oposición, golpean a diputados que protestan o expulsan arbitrariamente -caso María Corina Machado--, y donde se ajustan medidas represivas convenientes a la oligarquía socialista.

Si Maduro necesita eliminar las manifestaciones estudiantiles, encerrar alcaldes disidentes, o líderes que teme --como Leopoldo López--, solicita a los tribunales o parlamentarios obsecuentes nuevas normas, y ordena a los cuerpos represivos actuarlas.

Viene a cuento de tribunales que sentencian a voluntad del Poder Ejecutivo, porque la ley dejó de ser norma neutral para convertirse en instrumento al servicio de la camarilla gobernante, empeñada en arrastrar por la fuerza a los venezolanos hacia "el mar de la felicidad" cubano.

País, como cualquier dictadura totalitaria, donde no creen en la separación de poderes y repiten, con Marx y Lenin, que ésa zarandaja de las sociedades capitalistas solo mantiene los privilegios de la clase dominante.

Esta falsificación de las ideas republicanas -de Bolívar, Martí, Juárez- desarrolla una facultad propia en este tipo de Estado: el monopolio de la intimidación. El miedo uniforma a la sociedad y la convierte en un coro amaestrado.

Como quienes mandan hacen las leyes, juzgan e imponen los castigos, acaban por generar un terror insuperable entre los ciudadanos, quienes suelen transmitírselo a los hijos "para que no se metan en problemas".

Ese es exactamente el objetivo. Una vez que las tuercas fueron convenientemente apretadas y la jaula perfeccionada, el común de la gente, a excepción de un puñado de rebeldes, aplaude y baja la cabeza.

En ese punto ya no existen vestigios de la separación de poderes.