Sebastián Mantilla

La candidatura de Correa

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El presidente Rafael Correa está muy preocupado. El hecho de que ninguno de sus acólitos ha podido cuajar como candidato ganador para los comicios del próximo año es un fastidio. Seguramente esto ya le ha provocado más de una pesadilla. No tanto por la nostalgia de dejar el poder y perder tantos privilegios. La inminencia de rendir cuentas ante el país y ante una justicia independiente por los abusos cometidos en estos últimos diez años parecería que pesan más. De ahí que haya retomado la posibilidad de presentarse nuevamente como candidato.

Hace pocos días, en tono de amenaza más que advertencia, ha dicho: “Mi decisión se mantiene; no presentarme, pero depende del nivel de bravuconería, cobardía de los mismos de siempre. Si siguen con sus insultos, me les presento en octubre y les gano”.

Aunque este anuncio en algunos sectores ha despertado cierto temor e incertidumbre, creo que ahora sí hay que tomarle la palabra. Ojalá que ahora sea así. No como cuando dijo que si se le comprueba algo a su primo, renuncia…

Esta podría ser la gran oportunidad para que el pueblo ecuatoriano se exprese y le dé una gran lección, sea a través de una consulta popular o de los comicios generales de febrero próximo.

Y es que da la impresión que el Presidente vive en Marte. Se ha olvidado que el año pasado cuando trató de pasar la reelección indefinida a través de la Asamblea (y no en consulta popular), una inmensa mayoría de ciudadanos desaprobó este intento. Es decir, al darse cuenta que no iban a ganar y que la propuesta de relección indefinida no calaba en la gente, tal como lo expresaban los sondeos, tuvieron que recular.

De igual modo, parece que para el Presidente la economía está muy bien. Que aquí no pasa nada. Que no hay crisis. Que eso de la recesión, el aumento del desempleo, el excesivo endeudamiento, la hipoteca de nuestros recursos a China o el déficit fiscal es cuento de los mismos de siempre.

Es como que los ecuatorianos deberían estar agradecidos hasta el fin de sus vidas por las carreteras, las escuelas y los hospitales.
Asumir como ciertas, falsas verdades. Sin derecho a poder disentir del manejo poco transparente de lo público. Del autoritarismo. De la prepotencia. De la restricción e irrespeto de nuestros derechos fundamentales.

Ese es el país que se niega a ver Rafael Correa. Por ello, a diferencia de lo que ahora pueda pensar, la gran mayoría de la población se da cuenta de lo que pasa. Que este asunto de su candidatura presidencial es una estratagema para desviar la atención de los graves problemas económicos, sociales y éticos que atraviesa el país. Que es también para tratar de mantener la hegemonía en lo político, detener la caída estrepitosa de Alianza País y patear el tablero pre-electoral en donde la oposición se re-agrupa y toma fuerza. Los problemas son tan graves que Correa y todos los suyos no podrán revertir esta tendencia.