Alfredo Negrete

Santiago Nasar y el Yasuní

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1 de May de 2014 00:02

Es el personaje principal. Causa, protagonista y víctima de una de las obras más calificadas de Gabriel García Márquez: "Crónica de una muerte anunciada". Desde la primera página el lector conoce que tan intenso personaje está condenado a la pena capital por parte de unos hermanos celosos por el anticipado y oculto romance de su hermana que solo se descubrió luego de la primera noche de un matrimonio con el pretendiente final.

La maestría literaria, según los críticos, consiste en una especie de inversión que permite el desenlace desde la primera página y transcurre con el ímpetu de un vaticino implacable hasta el final de la obra que no puede ser otro que el conocido -menos por el sentenciado- hasta el momento final de esa vida y de la obra.

Este melodrama tiene mucha semejanza con la recolección, presentación y trabas que surgirán para que no sean aprobadas las firmas por el No al Yasuní por el CNE que carece de idoneidad, por cuanto jamás ha sido considerado ni percibido como independiente.

En consecuencia, a pesar de los riesgos de descrédito político, el CNE -salvo milagros como son los de esa naturaleza- las firmas serán anuladas por cualquier motivo, incluso porque falta la copia de la cédula de identidad de algún ancestro de quienes suscribieron la petición.

De la misma manera que en el final trágico de la novela, el No en el Yasuní parece que será frustrado e inevitable. El Régimen, después de la derrota electoral del 23 de febrero, no puede a renglón seguido arriesgarse a un segundo fracaso electoral; más aún, si este implicaría la suspensión de estratégicas explotaciones en la zona protegida. Por tanto el CNE tendrá que hacer como hacen los zapadores militares que ubican minas bajo los puentes. Sin embargo, el costo de la operación políticamente será muy alto pues podrá significar que se renuncian a utilizar las consultas populares, salvo que el resultado esté garantizado volviendo al revés la obra de García Márquez: "Crónica de una victoria conocida y segura".

De optar por enterrar y no exponerse a las consultas populares, el caso de la reelección indefinida o por un periodo consecutivo más, al Régimen no le quedará más que el atajo del segundo numeral del artículo 441 del texto máximo que puede disfrazar una reforma constitucional de enmienda a un menor costo.

Al concluir esta versión alterna de una muerte anunciada, no se debe dejar pasar la oportunidad para resaltar un ejemplo cívico, valiente y jurídico de quien con singular tenacidad aceptó el patrocinio de un proceso titánico: Julio César Trujillo. Rechazó hace mucho una cómoda jubilación de las lides políticas, siguió bregando en los combates por el derecho social y sigue siendo el mismo.

Por eso es necesario volver a repetir lo que supone dijo MacArthur: "Los viejos generales no mueren, simplemente desaparecen".