Walter Spurrier

La salvaguardia

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Dentro de pocos días, quienes vayan a almacenes a buscar productos importados, encontrarán que muchos productos o no hay o han sufrido una fuerte alza de precio.

En estos ocho años, el Gobierno machacó que estaba blindado a una caída del precio del petróleo, porque como los ingresos petroleros se destinan a la inversión, bastaba reducirla por el monto que caían los ingresos petroleros, y se equilibraba la situación fiscal.

Recortando drásticamente el gasto público la economía perdería dinamismo y con ello habría menos dinero para comprar productos importados, impidiendo un desequilibrio de balanza de pagos.

Pero ahora que se dio el colapso del precio del petróleo, el Gobierno anuncia una reducción modesta del gasto. En lugar de frenar la demanda de importaciones porque no hay dinero para comprar productos importados, lo hará encareciéndolos.

Esa es la novedad de la semana: la nueva salvaguardia de balanza de pagos que se aplicará a un gran universo de partidas arancelarias, afectando a todo lo que no se considere indispensable, trátese de bienes de consumo (pocos quedarán exentos), materias primas y productos intermedios (particularmente afectados serán aquellos que compiten con productos nacionales) o bienes de capital (excepto aquellos cuya importación no pueda posponérsela por un año).

Esta nueva salvaguardia, contemplada por la OMC en tanto y en cuanto sea por un tiempo determinado, que en este caso sería un año, reemplaza a las que se impusieron a Colombia y Perú, que causaron más problemas que lo que resolvían y llevó a un choque con la Secretaría de la CAN.

El ajuste entonces viene por precios, puesto que los productos afectados por la salvaguardia se encarecerán fuertemente de un porrazo, e igual cosa los bienes nacionales que incorporen las materias primas que pagan salvaguardia.

En la medida que esto resulte en un alza generalizada de precios y por ende de costos más altos para la producción, estaría agravándose la competitividad de los productos nacionales, sumando al problema de la fortaleza de nuestra divisa, habida cuenta que desde junio el dólar se ha fortalecido en 15% frente al euro y yen y que las monedas latinoamericanas se deprecian, que fue lo que se argumentó para la hoy abandonada salvaguardia cambiaria aplicada a Colombia y Perú.

La salvaguardia es una medida temporal. Si los problemas gemelos del alza del dólar y caída del petróleo no se resuelven solitos, el Gobierno tendrá necesariamente que buscar medios más duraderos para equilibrar tanto las finanzas públicas como las cuentas del comercio exterior.

Mucho me temo que este shock de precios de bienes de consumo que vamos a experimentar este mes será tan solo el primero de varios impactos que tengamos que asimilar en el transcurso del presente año. Y el próximo.

wspurrier@elcomercio.org