9 de October de 2013 00:01

Salud presidencial: cosa de Estado

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La evolución del hematoma subdural crónico de Cristina Fernández de Kirchner ha demostrado que la decisión de darle el alta el sábado por la noche no fue la más adecuada. Esto pone otra vez en superficie el tema del manejo de los problemas de salud de la Presidenta y genera, en definitiva, situaciones de potencial riesgo para la misma paciente.

Con ese escenario, es un interrogante también el poder de decisión que tienen los médicos que tratan a la Mandataria. Es importante destacar este punto ya que es uno de los problemas que siempre genera la salud de un Presidente cuando está afectada por una patología de cuidado.

¿Qué priorizará la Presidenta: su salud o las circunstancias políticas que vive su Gobierno? ¿Qué será lo que prevalecerá, las indicaciones del equipo médico de primer nivel que atiende a la Mandataria, o las necesidades políticas de la Jefa del Estado? La historia demuestra y el presente ratifica que cuando por sobre las razones médicas se priorizan las razones políticas, los criterios de una práctica médica se complican.

Se me hace casi imposible pensar que el prestigiosísimo equipo médico de la Fundación Favaloro que atendió a la Presidenta haya aconsejado el alta del día sábado sobre la noche. Una paciente con un hematoma subdural crónico y con una arritmia cardíaca ameritaba un pedido de observación dentro de una institución médica para seguridad de la misma enferma.

Dicho esto, se generan de ahora en más dos interrogantes: ¿qué priorizará la Presidenta: su salud o las circunstancias políticas del momento que vive su Gobierno? ¿Qué será lo que prevalecerá, las indicaciones del equipo médico de primer nivel que atiende a la Mandataria, o las necesidades políticas de la Jefa del Estado? La doctora Cristina Fernández de Kirchner padece dos patologías: un hematoma subdural crónico, por un lado, y por el otro, la arritmia cardíaca. La operación es relativamente sencilla y en las muy buenas manos que estará permite augurar un resultado exitoso. A ese resultado exitoso le deberá acompañar un estricto seguimiento de las indicaciones de reposo correspondientes al postoperatorio y a la convalecencia. Esto implica respetar los tiempos y evitar cualquier tipo de apuro que altere ese reposo.

Queda por develar el tema de la arritmia. La escueta y, por ende mala información oficial, no permite especificar qué tipo de trastorno del ritmo cardíaco padece la Presidenta ni su tratamiento.

Con esa incógnita en mente hay que señalar que Cristina Kirchner, que padece una lipotimia crónica, deberá prestar especial atención a ese particular cuadro. ¿Fue una lipotimia la causa de la caída que produjo el golpe que provocó el hematoma subdural crónico de la Presidenta? Esa respuesta no la tenemos, pero es importante que el equipo médico y la paciente la tengan para tomar precauciones a futuro tendientes a evitar una situación como esa.

Le deseo a la Presidenta una pronta recuperación y le pido por su bien, el de su familia, y el bien de la salud política del país, que cuide su salud. Este caso, demuestra una vez más, que la salud de los presidentes es cuestión de Estado.

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