Jorge León

Salir de la CAN

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Ecuador no logra definir bien su política exterior sobre la integración lo que requiere acciones de largo plazo. El Presidente amenazó con sacar a Ecuador de la CAN, que serviría “para muy poco”. Pero, ¿qué sirve más, la Alba, la Unasur, la Celac? En 2011, Correa proponía la “armonización institucional” entre el Mercosur y la CAN, algo indispensable.

El Gobierno capta mal la dinámica internacional, la de los acuerdos y convenios; proyecta su juego interno al mundo internacional. Ya varias veces le rebotan sus posiciones internacionales. Recién, su idea de decidir en la Unasur por mayoría y no por consenso para “ir rápido”, recibió un contundente rechazo, por ejemplo. En la escena internacional se encuentran voluntades soberanas, con visiones diferentes, que ante el peso de las grandes potencias o la amenaza del uso de la fuerza o la necesidad del intercambio tienen en la creciente institucionalización un medio para convivir, lo que generalmente protege al más débil y es también para ventaja de los intereses del más fuerte. La ley de la selva, en todo caso, no hace ganadores a los más débiles. Una potencia pequeña, si cuenta imponer decisiones, tiene una mínima capacidad.

Por eso, es inquietante que Correa, al ver limitadas sus políticas por la CAN, pretenda liquidarla con la salida del Ecuador. Fue ya un error unirse a la Alba en lugar de consolidar la CAN y de presionar a Venezuela para que se reintegre. Ahora se ve que la Alba no es la alternativa, por más que nos complazcan sus enunciados; lo mismo pasa con Unasur, un proyecto a empujar para el largo plazo, que no es el milagro que se cantó. Lo cual es lógico, la situación de los países del Mercosur es diferente de la de los andinos; lo mismo pasa con los intereses del gigante y hegemónico Brasil.

Ecuador no puede ignorar la geopolítica por la cual cuentan primero los vecinos, Colombia y Perú. ¿Cómo distanciarnos de ellos, debido a un discurso político circunstancial? Conviene más bien un trabajo serio para lograr horizontes duraderos. Todos los países de la CAN pierden la ruta y la deterioran. El tratado de libre comercio de Colombia y Perú ya fue destructor. La CAN desfallece, cuando en los hechos es pertinente. Pues, la integración es indispensable, estratégica. Entonces, todo lo recorrido con la CAN, que no es poco, debía ser potenciado. No es un obstáculo para la Unasur, debe ser un medio de negociación articulado, estratégicamente organizado, para intercambios y acuerdos con el Mercosur con quien la CAN hace la base de Unasur.

Ecuador ya vive con la UE algo diferente a su discurso. El mundo internacional obliga al pluralismo, realismo y a la imaginación para lograr nuevos rumbos. La CAN así, con Unasur o no, es una necesidad inevitable; la geografía, la historia y el realismo exigen. Si se la destruye, habrá que volver a crearla, tarde o temprano. Una nueva estrategia para la CAN es indispensable.