Manuel Terán

Salarios

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2 de January de 2013 00:01

Ha transcurrido un nuevo episodio de la fijación salarial tema en que, por su esencia, ninguna de las partes muestra satisfacción con el desenlace. En la medida que este mecanismo es sólo uno de los elementos de las complejas relaciones laborales que las partes involucradas tratan directamente y una vez en el año, siempre habrá malestar con sus resultados. Difícil que sea de otra manera. La única posibilidad que este proceso sea menos difícil para alcanzar acuerdos es que forme parte de una amplia agenda directa, en que las partes estén comprometidas a tratarlo teniendo como norte un objetivo más ambicioso. Se impone retomar un diálogo social franco, sin reservas, que tenga como fin un país productivo que privilegie la creación de empleo, que no constituya un rito anual en el que la decisión final, luego de un tira y afloja inocuo, descansa en la autoridad. Para ello debe haber otra predisposición de los actores pero, por sobre todo, confianza y credibilidad mutua y la conciencia que el sistema es simplemente una variable más, que debe abonar a favor de la institucionalización del diálogo.

Si la desconfianza cunde, si los propósitos no son exclusivamente laborales, si lo que se busca es ganar notoriedad haciendo explícitas expectativas inalcanzables, no se arriba a ningún lado. La visión debe ser el país, su gran conglomerado humano, cuya mitad de la población en edad y capacidad de trabajar no goza de pleno empleo. La fijación del salario no implica alza salarial generalizada y, por lo mismo, no debe ser un óbice o un freno para que se generen nuevas plazas de trabajo. Este no es un problema de la gran empresa como muchas veces en forma equivocada se sostiene. Los grandes conglomerados, no encuentran inconvenientes en atender las nuevas exigencias. Quizá las trabas las enfrentan los pequeños productores, artesanos y otros emprendedores que, para empezar sus negocios o mantenerlos a flote, se ven en la necesidad de ser más cautos en la contratación de la mano de obra. No se pretende decir que para efectos de generar más plazas de trabajo se paupericen las condiciones de empleo, de ninguna manera, pero al momento de proceder a la fijación salarial se debe tener presente los efectos no deseados que podrían distorsionar aún más el mercado laboral y privilegiar monopolios.

No existen fórmulas mágicas y, pese a su delicadeza, el tema se presta para que se lo politice de manera que resulta muy fácil perder la objetividad. Hay que atenderlo en su justa dimensión, considerando que allí no se agota el debate sobre las imbricadas relaciones laborales. El país requiere que las partes involucradas converjan en un esfuerzo mayúsculo, deponiendo paradigmas y prejuicios, para construir en conjunto certezas que abonen en un propósito mayor y se materialice la verdadera inclusión social de las mayorías a través del empleo sostenible.