10 de August de 2010 00:00

Sagrado y obsceno

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 0
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 0
Sergio Dahbar

La historia mostró una hebra por primera vez en 1998, en el condado de Durham, zona de enormes contrastes en el norte de Inglaterra. En su universidad estudian 17 000 jóvenes, que se forman plácidamente a orillas del río Wear.

Se trata de la institución académica más antigua de Albión, después de Cambridge y Oxford, y una de las que aquilata mayores saberes sobre el enigmático y profuso escritor William Shakespeare.

De semejante majestuosidad de piedra fue hurtado en 1998 uno de los ejemplares sobrevivientes del Primer Folio (1623), escrito por el ‘Bardo de Avón’, y considerada una obra de las más importantes en lengua inglesa. Se editaron 700 ejemplares, de los cuales sobreviven 231.

Luego cayó un manto de oscuridad y silencio. Una suerte de maldición por una década. La Policía tropezó con adversidades a la hora de investigar.

En junio del 2008, un hecho inesperado sorprendió a los asistentes de la biblioteca Folger Shakespeare de Washington. Entró un hombre, Raymond Scott. Vestía una franela demasiado grande para su cuerpo, mocasines italianos sin medias y anteojos Tiffany’s, que no se quitó.

El bibliotecario jefe, Richard Kuhta, entendió que había llegado un ser especial a su territorio. Scott se presentó como un multimillonario escocés que había comprado en Cuba un ejemplar original de Shakespeare. Scott sabía el terreno que pisaba. Folger posee 79 de las 231 copias que aún existen del Primer Folio . El problema es que el mejor lugar para venderlo puede convertirse en el peor de los sitios posibles. El libro parecía auténtico, mas el portador tenía toda la pinta de esconder un secreto inconfesable. No encajaba la historia contada por Scott: “Ese ejemplar había permanecido oculto en el cuarto de un guardaespaldas de Fidel Castro”.

En poco tiempo el FBI, la Embajada Británica en Estados Unidos y la policía de Durham advirtieron que era el libro robado.

Era hora de investigar a Scott. De seguro no era el multimillonario que vendía su negocio de Escocia. Otro era su perfil. Este estafador había sido condenado 25 veces desde 1977. Scott robó una obra única de la inteligencia humana, una pieza imposible de sustituir, porque se había enamorado. Scott debía 108 000 euros en tarjeta de crédito. Se enamoró de una bailarina de 21 años en Cuba. Le envió 12 000 euros en 5 meses. No era su único capricho. También le fascinaban los sombreros Panamá y los Ferrari amarillos. Con la venta del Primer Folio planeaba rescatar a su amor de esa tierra con aguas por todas partes y dedicarse a la buena vida. Pero un juez de Newcastle lo condenó a ocho años de cárcel por intentar vender objetos robados. Con cierta sorna anglosajona, le ha recomendado que aproveche para leer a Shakespeare.

No es mala idea.

Descrición
¿Te sirvió esta noticia?:
Si (0)
No (0)