Miguel Rivadeneira

A sacudirse desde el 24

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Presidente electo, con respeto y consideración, su desafío es enorme: seguir con las obras y la inversión social de esta década, el desarrollo de infraestructura y la atención prioritaria en salud y educación.

Está en su derecho de ejercer su mandato pero con señales más concretas. En el buen sentido, luego de asumir el poder, sacúdase de las cosas malas que tiene polarizado al país. No necesita de tutor ni consejos de acciones negativas, hasta algunos oficialistas han reconocido que la gente está cansada de tanta confrontación.

Marque su huella, trace su ruta y no se sujete hasta en aspectos de forma que le dejaron en tomos de la transición. No hacerlo sería más de lo mismo. Tiene un reto de cambio, que no solo implica un estilo más conciliador, de amplio diálogo, sino un trabajo en conjunto y tomar decisiones oportunas y diferentes.

Atender y procesar democráticamente las propuestas, con respeto a la diversidad, los DD.HH. y no quedarse en la pantomima de la participación ciudadana de esta década. Poner fin a la intolerancia, cadenas denigrantes, insultos, persecución y arremetida contra todos los que no se allanaron al poder.

No se ha librado nadie del maltrato, ni la familia ni la mujer, en más de 500 semanas. Debería encargar la dirección del movimiento político cuando el compromiso es representar a todos desde la primera magistratura y evitar lo que el titular de la Conferencia Episcopal dijera que su antecesor durante el gobierno saliente favoreció al partido único en el poder y eso se presta para cosas desagradables. Observar lo que dice el art. 147 de la Constitución.

Cumplir y hacer cumplir la Constitución, leyes, tratados y demás normas jurídicas, pero dentro del ámbito de su competencia. Si quiere luchar contra la corrupción, haga procesar los informes de respetables miembros de la Comisión Nacional Anticorrupción, nacida de organizaciones sociales y que vino a llenar un vacío por la ineficacia de los entes de control y el fracaso del Consejo de Participación Ciudadana cuyo primer mandato constitucional (art. 208) es luchar contra este mal.

Ellos contribuyen con informes sustentados y por eso en lugar de enjuiciarles deberían agradecerles, porque además en la Carta Fundamental (art. 83) entre los deberes de los ciudadanos está denunciar y combatir los actos de corrupción. La gente quiere soluciones concretas en paz, no más propaganda frente a sus acuciantes problemas económicos y sociales.

Partir de la generación de confianza para impulsar la inversión privada y la creación de fuentes de empleo. Ponga fin a tanta dependencia pública ineficiente que ha proliferado y priorice la calidad del gasto. La apremiante realidad, con deudas por todo lado, tiene que enfrentar con medidas pragmáticas y no seguir con distorsiones peligrosas. El tiempo lo dirá.