Paulina Garzón

‘La Ruta de la Seda en Panamá’

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El establecimiento de relaciones diplomáticas entre Panamá y la República Popular China (RPC) el pasado junio es crucial para Panamá y para América Latina y el Caribe (ALC), la razón principal: la Iniciativa de la Ruta de la Seda.

De los 19 acuerdos firmados entre Panamá y la RPC éste noviembre, hay uno especialmente relevante para ALC: el Memorándum de Entendimiento sobre la Cooperación en el Marco de la Franja Económica de la Ruta de la Seda y la Iniciativa Marítima de la Ruta de la Seda del Siglo XXI. La Ruta de la Seda es el plan más grande de inter-conectividad en la historia. Incluye más de 70 países en Asia, Europa Sur-Central, el Medio Oriente y África Norte, y costará USD 1 trillón. Aunque no es la primera vez que un país latinoamericano aparece en una declaración oficial sobre la Ruta de la Seda, si es la primera vez que la RPC firma un acuerdo para incorporar a un país latinoamericano a esta iniciativa.

El Memorándum dice que “Panamá se adhiere a la iniciativa china de la Ruta de la Seda, potenciando su rol como “la gran conexión” con el Canal de Panamá…” y “La adhesión de Panamá a la Franja y la Ruta está alineada con el papel que juega el país ante la región y el mundo... potenciando aún más el comercio marítimo mundial”. Es interesante que el mismo día que se establecieron las relaciones diplomáticas, la China Landbrige Group inició la construcción del mega-puerto Panamá Colón Container Port para recibir los barcos Super Post-Panamax. La incorporación de Panamá a la Ruta de la Seda es un adiós al Canal de Nicaragua y plantea al menos tres cuestiones a panameños y latinoamericanos.

Primero, recordando que el comercio con China ha reprimarizado las exportaciones de varios países latinoamericanos –más del 70% de exportaciones de ALC a China se concentran en 4 productos: soya, petróleo, minerales de hierro y cobre– al tiempo que continúan importando manufacturas chinas. ALC necesitaría pensar con que productos quiere llenar los Super Post-Panamax (ojalá con más productos con valor agregado) y cómo lograrlo.

Segundo, Panamá debe evaluar los resultados del endeudamiento chino de Venezuela y Ecuador. Estos países se endeudaron masivamente -en parte para desarrollar infraestructura construida por empresas chinas- y ahora, tal vez buscarán, desesperadamente, a la RPC la re-negociación de los préstamos que no pueden pagar.

Tercero, y muy importante, Panamá y ALC deben definir sus prioridades y límites frente al financiamiento y el comercio con la RPC y con el mundo. ALC sabe que el petróleo, el gas, los minerales, los bosques y el agua son bienes finitos, y que ni sus ecosistemas ni las comunidades locales resistirán una integración no planificada a la Ruta de la Seda ni a una nueva ola de consumo voraz.