Santiago Estrella

En busca del rostro amable del populismo

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Algo tiene la historia política de Argentina y Ecuador que los hace muy semejantes. Solo unos ejemplos: el siglo XX estuvo marcado por una figura populista devocionada y odiada al extremo: Juan Domingo Perón y José María Velasco Ibarra. Los dos, además, fueron los grandes ausentes y parecía que el futuro del país dependía de sus retornos. Y así fue: regresaron, pero luego de ellos vino la ruptura de la democracia con dictaduras militares.

Los dos países tuvieron una política monetaria rígida: Argentina con la convertibilidad (el peso igual al dólar) y el país con la dolarización, asesorado por Domingo Cavallo, el autor de esa política neoliberal en el sur del continente. En Argentina se decretaba el ‘corralito’ bancario que derrocó a Fernando de la Rúa y se salió de la convertibilidad; en Ecuador, Jamil Mahuad debió dejar Carondelet por el feriado bancario que trajo como consecuencia la dolarización.

El nuevo siglo llegaba a ambos países que vivían una grave crisis institucional y económica: cambiaban de presidentes como si fueran camisas y en ambos se gritó “que se vayan todos”. De la Rúa y Lucio Gutiérrez dejaron el poder y el resultado fue la llegada del populismo ‘nac & pop’ (nacional y popular), que tuvieron una estabilidad política sin parangón en la historia republicana: los Kirchner (Néstor y Cristina) por 12 años; y Correa, durante 10 (siempre y cuando se cumpla aquello de que no será candidato para que no se crea que se aprobará una enmienda con dedicatoria personal).

De cara a las elecciones, quizá algo Ecuador -sobre todo Alianza País- aprenderá de la experiencia argentina. El peronismo buscó en Daniel Scioli su rostro amable. Algo parecido podría pasar en el país si el candidato fuese Lenín Moreno. Es el rostro amable del correísmo.

Pero lo que dejan tanto Scioli como Moreno es que no basta encontrar un rostro amable, sino generar nuevos cuadros. Pero esa -la historia política así nos lo enseña- es la verdadera utopía de ambas naciones.