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27 de May de 2011 00:03

A fines de los setenta se levantó en el país una voluntad de superar las dictaduras y cambiar dentro de un marco constitucional. El electorado, en un plebiscito adoptó una Constitución de corte progresista, y luego en las elecciones desechó a los candidatos de las alianzas convencionales y dio el triunfo al binomio de la "fuerza del cambio", formado por CFP y DP, e integrado por dos jóvenes políticos, Jaime Roldós Aguilera y Osvaldo Hurtado.

Roldós inició su gobierno con medidas progresistas en 1979, afirmando que lo dirigiría sin tutela del líder de CFP, Assad Bucaram. Por ello, CFP formó mayoría parlamentaria con la derecha, que bloqueó la acción del Ejecutivo e inició una «pugna de poderes». Roldós intentó un plebiscito para derrotar a la oposición, pero fue bloqueado por los «notables».

El gobierno no tenía base social sólida para orientar su acción. Al fin logró dividir a CFP y organizar una mayoría parlamentaria con apoyo de la ID y otros sectores. Se aprobó la duplicación del salario mínimo, elevación de remuneraciones y semana laboral de 40 horas. El Plan de Desarrollo fue combatido por «estatizante» y no fue aplicado. El presidente logró mantener una política internacional tercermundista e independiente. El país ingresó a los no alineados, apoyó la integración andina y la lucha contra la dictadura de Nicaragua. Los presidentes andinos, reunidos en Riobamba en 1980, aprobaron una «Carta de Conducta» de perfiles progresistas.

En enero de 1981, en la Cordillera del Cóndor se produjo un choque armado con Perú, detenido por la acción internacional. El gobierno logró consenso interno para enfrentar la situación, pero tuvo que hacer concesiones en su postura progresista internacional. Para equilibrar los enormes gastos realizados y nivelar el presupuesto, acudió a impopulares elevaciones de impuestos y precios. La reacción social fue muy fuerte.

Meses después, el 24 de mayo de 1981, el Presidente, su esposa y su comitiva morían en un accidente aviatorio, que nunca fue del todo explicado. El país dio a Roldós un funeral multitudinario. Hurtado se hizo cargo del poder y cumplió el período presidencial.

Roldós fue un político de profundas convicciones progresistas, que arrastraba desde sus años de dirigente estudiantil. Imprimió a su gobierno un sello de renovación y cambio, aunque tuvo muchas limitaciones. Gran orador y gran comunicador, tuvo un vínculo muy fuerte con los sectores populares y grupos medios, que lo consideraban su expresión política.

A los treinta años de su muerte, cuando ha pasado el tráfago de la política inmediata, la figura de Roldós se proyecta a la historia del país, como la del joven líder que fue parte del nuevo liderazgo latinoamericano que dejó atrás al pasado, que conoció y amó mucho al Ecuador, y dio contenido a la voluntad de cambio.