Jorge G. León Trujillo

Rol mundial de América Latina

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 6
Triste 2
Indiferente 4
Sorprendido 8
Contento 7
21 de julio de 2014 00:05

Asistimos a la simple disputa de poder en el mundo. El tránsito a la consolidación de múltiples polos de potencias en competencia deja poco a poco en segundo lugar al predominio de EE.UU. Sin embargo, el mundo emergente no tiene ideas ni proyecto alguno que lo articule, aparte de la oposición a esta potencia hegemónica y el incremento de nexos comerciales y financieros. Las potencias de subida se definen por el pragmatismo primario.

Rusia recupera poder, promueve primero sus intereses geopolíticos con éxito, ante el retroceso de EE.UU., hasta quiere reconquistar países o un amplio espacio geopolítico de vecinos o no bajo su control, de la zona báltica a Europa del Este o Extremo Oriente, como lo ha demostrado con Siria y garantizarse la salida de su oleoducto y gas. Una geopolítica expansionista, como lo ha hecho EE.UU. en su patio trasero que fue América Latina. En el pasado le sirvió el proyecto comunista para ello. China se vuelve potencia activa y sigue su meta de garantizarse recursos naturales, mercados y ahora influencia, como lo hacen India, Brasil o África del Sur (Brics) y las otras potencias de Asía.

El vacío ideológico y ausencia de proyecto compartido lleva la disputa a un primario nivel, al simple pragmatismo que conlleva el cálculo circunstancial. Este tipo de sistema apela al uso de la coerción más visible y amenazante, pero como es la disputa de iguales, se multiplican conflictos y uso de la fuerza. La inseguridad puede ser más frecuente y con ella crece el armamentismo.

América Latina sigue este proceso, sin juicio de inventario apoya a las nuevas potencias o a Estados de su zona de influencia. Algunos países latinoamericanos son inclusive simples instrumentos de disputas ajenas (en el Extremo y Medio Oriente), sin visión propia.

Si América Latina está adquiriendo autonomía y construyéndose a sí misma como conjunto, no debe ser peón de otros; podría ser más bien actora activa de la construcción de un nuevo sistema de relaciones internacionales, en que al menos el sólo pragmatismo no sea lo definitorio, sino que estas se orienten también por objetivos e ideas que les den un nuevo sentido. Disputar poder a EE.UU. o Europa no basta. Se debe empezar casa adentro, buscando un acuerdo latinoamericano sobre un sistema de relaciones internacionales.

Un proyecto internacional de América Latina para el mundo; ahora que por fin piensa por sí misma y para sí mismo, podrá contribuir a una política mundial. No una posición lírica sino una definición de política exterior compartida con propuestas sobre lo fundamental de relaciones internacionales, no sólo sobre geopolítica, guerra y paz, seguridad, sino también sobre lo básico de comercio y finanzas, ante todo una nueva visión de desarrollo (una nueva Unctad) y lucha contra los extremos desequilibrios sociales mundiales.