Carlos Jaramillo

Robo electrónico

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27 de April de 2013 00:02

La millonaria usurpación de fondos de la Municipalidad de Riobamba es una demostración de negligencia y voz de alerta para las instituciones públicas y para los ejecutivos que manejan dinero así como para el Banco Central y sus funcionarios sobre el peligro que implican las transacciones electrónicas sin las debidas precauciones.

El Alcalde de la Sultana de los Andes denunció que personas inescrupulosas transfirieron USD 13 308 261 de una cuenta que mantiene esa institución en el Banco Central a diversas cuentas de otros bancos, etc., con alguna de las "claves secretas" que sólo conocían él, la Directora Financiera, el Tesorero y una asesora de ese Cabildo y afirmó que ha sido "hackeada", es decir que fueron violados los códigos de seguridad, lo cual desmintió el Gerente de la institución bancaria.

El dignatario municipal agregó que se efectuaron diez transferencias electrónicas por cantidades elevadas, fuera de las horas de oficina, inclusive a medianoche, y que el banco no puso ningún reparo, pero el representante de este organismo señaló que esas operaciones se realizaron con normalidad entre el 4 y el 10 del presente mes y que recién el 11 detectaron la irregularidad y dieron la voz de alarma los funcionarios municipales. Además de las transferencias por los USD 13 308 261 los delincuentes intentaron apropiarse de USD 2 919 608 más, lo que no se concretó por algún inconveniente en las cuentas de los beneficiarios.

Lo cierto es que se efectuaron numerosas transacciones por un monto millonario y, como se dice en términos coloquiales, ahora los personeros de las dos entidades se lavan las manos y se echan mutuamente la pelotita. Ventajosamente el cabecilla y los cómplices de esta estafa han sido descubiertos y detenidos, según las primeras informaciones, se ha recuperado algo más de diez millones y se trataba de salvar el saldo .

Lo que también llama la atención es la liberalidad con la que se han cumplido esas transacciones con fondos públicos, ya que en el campo privado cuando un ciudadano trata de cambiar un cheque por valor apreciable, los empleados bancarios llaman por teléfono al girador para garantizar la operación.

La deducción lógica es que en caso de que se haya filtrado una clave hubo complicidad se supone involuntaria de algún funcionario municipal o, en caso contrario, hubo vulnerabilidad en el sistema electrónico del Banco Central, lo cual está por determinarse. Lo positivo es que esta desagradable y aleccionadora experiencia obliga a que se tomen mayores precauciones para evitar situaciones similares y, si se encuentra culpabilidad, que se aplique sanciones ejemplarizadoras a los responsables del mal manejo al igual que a los estafadores.