Roberto Salas

Eficiencia estatal

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¿Es posible que las empresas estatales puedan ser eficientes en cualquier sector; salud, educación u otro?La respuesta es sí. En el mundo es frecuente conocer sobre universidades públicas mejores que las privadas, o empresas estatales de diversos servicios que funcionan muy bien. Detrás de esto, además de un marco legal, hay elementos relevantes. Veamos algunos:

Entender la diferencia entre Estado y Gobierno. El Estado somos todos, empezando por el pueblo o las personas, las instituciones, formadas por las leyes y normas formales o informales y los organismos que las ejecutan, los servicios públicos, las empresas, los recursos naturales. El Gobierno es el administrador del Estado, elegido por el pueblo para dirigirlo y gestionarlo, responde por su eficiencia.

Un Gobierno que quiere hacer todo solo, no lo hará bien. Necesita foco y concentración, lo que exige desarrollar la capacidad de colaborar de manera efectiva con otros actores que lo complementen.

Las empresas requieren estructura, recursos, incentivos, transparencia, tecnología y personal idóneo. Las empresas públicas, al no tener un dueño específico, requieren adecuada estructura y mayor transparencia. La primera establece los procesos y la forma en que se toman las decisiones, bloqueando el abuso de los administradores; y, transparencia, para rendir cuentas a la sociedad en cuanto a sus resultados. Se dice que la falta de incentivos es el principal problema, pero pueden diseñarse junto con la meritocracia que respalda la contratación y el desarrollo del personal adecuado. Si se logra escapar de malas prácticas de la política, como la corrupción de Petrobras en Brasil, el éxito es más seguro.

Respetar siempre la dignidad del usuario. Si el usuario no tiene ningún poder ni protección, entonces será víctima de abusos. Hospitales caóticos no existen en un Estado eficiente. Pero existen en Ecuador, porque se carece de algunos elementos señalados y no se valora al usuario. Nadie lo representa. En algunos países hay organismos de protección del consumidor, en otros las comunas acercan la supervisión de lo que funciona bien o mal.

No actuar por impulsos, aunque la intención sea buena. Es preciso planificar, profundizar en las consecuencias de las decisiones, y estar seguros que sus ventajas son superiores a sus problemas. Dos ejemplos: el desabastecimiento de algunas medicinas o alimentos especiales para enfermos que usan sondas, sin buenos sustitutos. O la saturación de las terapias intensivas en las clínicas con mayor probabilidad de infecciones mortales. ¿Alguien pensó en esto cuando restringieron las importaciones o ampliaron el servicio de salud?

El Estado y sus empresas públicas pueden ser eficientes, pero necesitan que su gestor tenga o desarrolle las competencias, y exista cooperación bien diseñada entre diversos actores, entre ellos, la empresa privada.

rsalas@elcomercio.org