Marcelo Ortiz

El ritmo del amor mueve la vida

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Escritores de renombre mundial, como Mario Vargas Llosa, impregnaron sus relatos de un intenso arcoíris que despliega el amor constituido en sol intensivo en las parejas que lo practican, a la par que lo consideran alimento sustantivo del diario vivir. Por eso, nos dejaron versos inmortales, páginas y libros para constancia eterna de sus pensamientos ante las sociedades humanas. Al trascender tiempos y espacios, son constancia de su capacidad creativa extendida a otros idiomas, aunque su cuna siempre será el lenguaje original.

Allí está el poema 20 de Pablo Neruda, como muestra genial del amor entre sexos contrarios complementándose, al afirmar que “Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Yo la quise, y a veces ella también me quiso…la besé tantas veces bajo el cielo infinito…la noche está estrellada y ella no está conmigo”.

Llamada inspiración, es simplemente recoger en palabras los frutos de la vorágine que se origina en los amores e intimidades que brotan de las entrañas y cerebro de un hombre y una mujer.

Cuántas novelas han recogido, a lo largo del mundo, los relatos románticos de vivencias de mujeres y hombres que, entre felicidades y sufrimientos, expresaron sentimientos profundos de sus adolescencias, o vidas jóvenes descubriéndose a sí mismas. Sin embargo, hay otras narraciones contrarias que han aparecido en muchos países, fruto de experiencias que constituyen una nueva forma de vivir entre personas del mismo sexo. Al abrirse nuevos senderos, desconocidos hasta hace poquísimas décadas, también han encontrado asidero en nuestros medios sociales, y ya están practicándose en la sociedad ecuatoriana; pero al extenderse estas nuevas modalidades de vida, aparece el peligro de que la especie humana tenga una disminución de la natalidad, único medio de que no corra riesgos de bajar el índice suficiente de crecimiento de las sociedades humanas en cualquier país del mundo.

Esa disminución peligrosa está dejando al hogar sin las bases sólidas que le proporciona el matrimonio de un hombre y una mujer, sin que quepa la tendencia, todavía débil, de que personas del mismo sexo formen un hogar, pero ya estamos abocados a que se extienda esta nueva forma hogareña.

Advertimos que este actual extravío de los eternos sentimientos para disfrutar del amor sexual entre opuestos, no destruirá las bases históricas que formaron las sociedades, que si bien tuvieron solidez religiosa cristiana o musulmana, permanecerán así para seguridad de las sociedades humanas basadas en el amor de los sexos contrarios a lo largo del mundo.

Queda claro que el ritmo más intenso y poderoso que constituye la vida diaria es el amor, siempre basado en el respeto mutuo, y dándole cada vez más importancia al aniquilamiento de la violencia conyugal, que incluye la psicológica. Por eso, el nominado machismo debe ser desterrado para siempre, abriéndole paso triunfante a la comprensión que llega hasta la intimidad.

mortiz@elcomercio.org