José Ayala Lasso

Los riesgos del profeta

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La profesión de profeta siempre ha sido de las más riesgosas. Si lo que se predice es grato, despertará simpatía y aprecio colectivo, que se incrementarán en la medida en que la profecía se demuestre acertada. Si lo predicho es malo, el profeta será cuestionado desde el primer momento. Sus eventuales aciertos le ganarán credibilidad pero, al mismo tiempo, antipatías y temores. Por regla general, no hay profeta apreciado en su propia tierra…y en la ajena, sus decires poco interesan.

De allí que resulte extraño, aunque incitante, el título que Jacques Attali, reputado economista, hombre de cultura y destacado político francés, diera a uno de sus más interesantes libros, publicado en 2006, reeditado en 2009 y 2015: ‘Une brève histoire de l’avenir’.

Attali se presenta, más que como un profeta, como un historiador que quiere identificar reglas para intuir el futuro de la humanidad. Hurga en los orígenes del hombre y esboza los vectores básicos de su evolución desde primate carente de habla, en lucha para alimentarse y domesticar el fuego, hasta homo sapiens que inventa, domina la ciencia y se aventura en la conquista del espacio infinito. Su conclusión es tan objetiva como inspiradora: el motor último de la historia no es otro que la búsqueda permanente de la libertad. Con tal fin, las motivaciones económicas son un instrumento que, al ganar fuerza, terminará por destruir las instituciones creadas.
El imperio norteamericano llegará a su fin y será reemplazado por potencias regionales que se unificarán para formar un hiperimperio cultor del individualismo. Luego, las fuerzas regionales entrarán en conflicto y usarán su poder para atacarse y destruirse. Tal será la época del hiperconflicto que anunciará la decadencia de la especie.

Sin embargo, si los seres humanos llegaren a controlar sus pasiones, podrán -estimulados por la crisis- construir una democracia planetaria basada en el reconocimiento de valores como la igualdad, el altruismo y la solidaridad.

Se establecerá un gobierno mundial asentado sobre sólidas instituciones regionales y locales, que administrará la abundancia.

La libertad se curará a sí misma de sus propios excesos. Las próximas generaciones heredarán una sociedad mundial respetuosa del ser humano y del medioambiente, experta en ejercer los derechos propios sin transgredir los ajenos, libre y democrática.

El proceso ha comenzado -nos dice Attali- la decadencia norteamericana se evidenciará dentro de una década y medio siglo después viviremos la alternativa de hiperviolencia o hiperdemocracia.

Es verdad que los tiempos históricos se han acelerado de manera incalculable. Sin embargo, aún sin discutir la sustancia de su tesis, parece difícil que las profecías de Attali puedan cumplirse en los próximos cincuenta años…¡Pero no imposible!