Julio Echeverría

Revolución y Yasuní

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15 de September de 2013 00:02

La 'radicalidad' de la revolución ciudadana se está verificando al impulsar la explotación del Yasuní. Una revolución que cabalga sobre el desarrollo de las fuerzas productivas, que está consciente del riesgo que supone introducir tecnología extractivista en un área de altísima fragilidad socioambiental, y que sin embargo lo hace. Una revolución que apunta a convencernos que, el dominio de la naturaleza por parte del hombre finalmente se ha realizado, y que gracias a esa realización es factible satisfacer las ingentes necesidades que ese mismo desarrollo desata de manera irrefrenable. Una revolución que dice ser de izquierda, pero que aparece como vanguardia de un capitalismo depredador que no se interroga por los límites de la acumulación, sino que, al contrario, hace de la acumulación de capital a toda costa, la palanca para la consecución de bienestar. Una revolución capitalista sui géneris que se presenta como socialismo del siglo XXI y que apunta a construir lo que Max Weber ilustró magistralmente con el concepto-imagen de la jaula de acero.

Todo lo que estamos presenciando a propósito de la explotación del Yasuní, se parece a capitalismo chino: alta concentración de autoridad que encuentra en el disciplinamiento totalitario de la sociedad la condición óptima para la acumulación y el desarrollo. Si de socialismo del siglo XXI se podría hablar, este debería estar en capacidad de revertir esta lógica; de anteponer la vigencia de los derechos humanos y la conservación ambiental, a la lógica de la depredación que se impulsa en nombre de la misma realización de los derechos. La acción política de los movimientos sociales alrededor del mundo está demandando un viraje radical en la comprensión de la transformación histórica, que pone seriamente en cuestión la lógica productivista (en nuestro caso extractivista) como condición necesaria e ineludible para alcanzar el bienestar; ese desarrollo necesariamente compromete la sostenibilidad ambiental y destruye culturas, pueblos y sociedades.

La lógica depredadora del capitalismo chino que intenta emular la revolución ciudadana, amenaza con destruir incluso a las otras formas de capitalismo reformista, comprometidas con la consecución del bienestar y la protección de derechos; el desmantelamiento de los Estados de bienestar en Europa, no es otra cosa que el resultado de la carrera por no ser superados por la lógica salvaje e irrefrenable del capitalismo chino.

La intervención en el Yasuní pone en evidencia el carácter neodesarrollista del régimen; las señales que emite van en dirección a la consolidación de una forma de capitalismo chino, y va en dirección contraria a su propia retórica, la de ser la punta de lanza de un socialismo en capacidad de afrontar las complejidades del siglo XXI .