Fabián Corral

El reverso de la gloria

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29 de July de 2013 00:02

Que la historia está escrita por los triunfadores, y que se ha convertido en un desfile de oropeles, generales, batallas, discursos y cortesanos, parece una verdad evidente. Y que en ella no hay lugar para los derrotados, traicionados y modestos individuos sin los cuales no serían los países como son, también es verdad. La historia es una galería en la que no caben los perdedores.

Para entender cómo se formaron las naciones, y cuál fue la línea argumental de sus procesos, es necesario considerar el reverso de la historia, y mirar el lado oscuro de los héroes, los matices cuestionables de los triunfos, las deslealtades, los espionajes, las renuncias. Entonces, muchos temas, al parecer inexplicables, dejan ver sus verdades. Entonces, si el personaje es un hombre grande, su grandeza crecerá. Si no lo es, habrá un ícono menos, una mentira menos y una certeza más.

En estos días se recuerda la entrevista entre Bolívar y San Martín, en la ciudad de Guayaquil. Y pese a las nuevas evidencias, aún no se explica del todo por qué el argentino le cedió la gloria al venezolano; por qué el uno decidió irse a Europa y no volver jamás, mientras el otro cosechaba los triunfos de Junín y de Ayacucho, para morir después, solitario y decepcionado, en la casa de un español que le acogió en Santa Marta. Esos episodios son, lo que se podría llamar, el reverso obscuro de la historia.

Es también parte de ese reverso la vida de Francisco de Miranda, el mentor de la independencia latinoamericana, el promotor de la Gran Colombia, el inventor del pabellón tricolor, el genio de los contactos en Europa, el comandante ruso, amigo íntimo de la zarina, el comandante de las batallas en la Revolución Francesa, el dueño de la más impresionante biblioteca de su tiempo, el escritor, el miembro de las sociedades secretas, el hombre de mundo. El único americano cuyo nombre consta como general glorioso en el Arco del Triunfo en París.

Es parte de ese obscuro reverso la traición que, en 1812, le llevó a manos de los españoles, traición que permitió su entrega al general Monteverde, su enemigo esencial. Su prisión en las mazmorras de Puerto Rico y en la soledad de la Carraca, en Andalucía, y finalmente su muerte en el abandono más extremo, en 1816, entre cadenas y desprecios. Miranda necesita una reivindicación, un recuerdo, un monumento, no en las plazas, sino en la memoria de la gente que se preocupa por explorar la identidad de estos países, porque sin él, la independencia está incompleta. Y la idea de la Gran Colombia queda coja.

Como San Martín y Miranda, y como los episodios que marcaron sus vidas, hay otros personajes y otros sucesos que explican lo inexplicable de la historia y que completan las biografías de los países. Es una tarea que impone la objetividad y la verdad, que son necesarias para entendernos. Y para intuir cómo es el poder y la política. Y cómo operan sus secretos.