Washington Herrera

Retroceso mundial

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Si Estados Unidos no invierte sus capitales y tecnología en el sur del planeta, la gente del sur irá de cualquier manera a EE.UU. en busca de trabajo. La migración, desde que existe la humanidad, es una cuestión de supervivencia y pondrá un límite a las políticas miopes que chocarán con las necesidades del mundo real.

Si el presidente Donald Trump impone un proteccionismo económico a ultranza en su país estará destruyendo los principios básicos en los que se sustenta el desarrollo global, que son las ventajas competitivas y el acceso equitativo de los consumidores a los bienes necesarios.

El mundo no puede ser visto como un negocio privado, pues la convivencia internacional se basa en otros valores supremos como justicia, libertad, solidaridad y beneficio mutuo, considerando también que las interrelaciones de la primera potencia mundial cubren lo político, económico y lo militar, por lo que los propósitos temerarios de Trump no pueden arriesgar la paz mundial. Resulta complejo entender estos planteamientos para saber hasta dónde quiere ir.

La política egoísta de que el mercado de EE.UU. sea solo para ellos repercutirá dentro y fuera de su territorio. En el interior porque los productos serán más caros para sus consumidores y en el exterior porque las corrientes comerciales se desviarán hacia el resto del mundo, favoreciendo a Europa, China y Japón, principalmente.

Por ejemplo las amenazas contra México sobre la industria automotriz no llegarán lejos porque la mano de obra mexicana es un 80% más barata que la de EE.UU. y nunca dejarán de comprar sus partes y piezas y a lo más que pueden llegar será a frenar el proceso de ensamblaje que ahora es lo menos importante de esta industria.

Estas características también se aplican a otros sectores, por lo que las corporaciones privadas, que son tan influyentes en la política de EE.UU., terminarán imponiendo límites a esta tendencia antiglobalizadora.

Su impulso al desarrollo interno y la expansión de la inversión en infraestructura fortalecerán el valor de dólar como moneda de cambio en todo el mundo. Europa se beneficiará porque sus productos se abaratarán cuanto más se devalúe su moneda frente al dólar.

Las corrientes financieras y crediticias subirán el costo del dinero y los países que se endeuden deberán hacer mayores esfuerzos para pagar. Todo se trastrocará, surgirán nuevas corrientes políticas contra los EE.UU. y se abrirán espacios para que China, Japón y los tigres asiáticos penetren más en las venas del comercio mundial.

Las consecuencias de estas políticas arcaicas pueden afectar al Ecuador encareciendo nuestras exportaciones, disminuyendo las remesas de los inmigrantes y subiendo de precio el servicio de la deuda. Pronto se extrañará a Obama como un ser humano superior y un gobernante que ha enriquecido la historia del mundo.

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