Gonzalo Ruiz

Retos del nuevo gobierno

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 9
Triste 13
Indiferente 0
Sorprendido 1
Contento 35

El próximo 24 de Mayo, el día de la Batalla del Pichincha, es el señalado para la toma de posesión del nuevo presidente de la República.

Termina el presidente saliente un período al que muchos han preferido calificar como la década ganada, otros la década perdida y hasta varias y duras caracterizaciones, pero ésta será sin duda recordada como una década agotada y agotadora.

Agotada, sí, por cuanto la promesa de un cambio evolutivo hacia una sociedad más tolerante e incluyente se ahogó en el discurso devastador contra los distintos y el resultado es el país polarizado de esa foto de las dos mitades con que se grafican los resultados electorales del 2 de abril.

Tras destruir a la llamada partidocracia, esta es una década agotada porque no se avanzó hacia la construcción de partidos políticos fuertes, democráticos, con procesos vivos de madurez cívica, con elecciones internas y debates profundos que marquen ideologías definidas y superen el caudillismo que, se creía, era cosa del siglo pasado, y se comprueba penosamente que es huella de comportamiento presente.

Destruida por sus bases la democracia soportada en los tres poderes- sus pesos y contrapesos-, tenemos como resultado del cambio prometido un modelo de concentración total de poder que se aleja de valores como el de una oposición referente, el poder alternado y la independencia de la justicia, del poder electoral y una ficción de participación ciudadana lamentable.

La década ha sido agotadora para los sectores sociales que agitaron sus banderas en torno al cambio ofrecido, para muchos militantes de una izquierda que iba perdiendo peso y encontraba en la nueva propuesta una razón de ser y un nuevo espacio. Sindicatos, amplios sectores indígenas, militantes de la conservación natural desobligados y actores sociales inmersos en el proceso de las ONGs, arrolladas por el poder aplastante y excluyente.

Década agotadora para los medios de comunicación, periodistas críticos con el poder e independientes vilipendiados y cuestionados como parte de los medios ‘mercantilistas’, como si una comunicación libre sin publicidad fuese posible. Cunde el patrocinio del Estado que acumuló medios que nunca aprendieron la virtud de la comunicación pública, la confundieron con propaganda y se convirtieron en fortines del poder sin voces alternativas.

Todo este panorama pesará como un fardo sobre el nuevo gobierno, donde los frentes políticos y sociales deberán convivir con una realidad: gobernar sin la abundancia de los años dorados del petróleo a precios altos, con las arcas fiscales agotadas también, con mucha deuda, altas tasas de interés y un deudor poderosos y con compromisos difíciles de eludir.

Muertas las vacas flacas, alejados los sueños de las promesas de campaña y agotada también la propaganda quedará la dura realidad. El paraíso que se pinta y se canta en la tarima es efímero y con una mitad que no se convence de lo ocurrido. Grandes retos.