Milagros Aguirre

Retórica

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16 de February de 2012 00:00

Ahora ya no se dice gobernabilidad. Se dice, oirán bien, gobernanza, aunque ni un término ni otro sean garantía de que se puede gobernar, ni de que el país sea gobernable.

Tampoco se dice ellas. Se dice ellos y ellas, niños y niñas, compañeros y compañeras… seguro suena mejor, aunque el marido le siga cayendo a palos a la mujer y esta siga lavando ropa ajena o peleando por la pensión de 60 dólares que entrega al mes el padre ausente con los que se supone deberá alimentar a los hijos sola, plancharles la ropa y garantizarles que vayan a la escuela.

Se dice ordenamiento cuando todo es un desorden y un caos. Se dice transparencia aunque poco claros sean los negocios, menos claros, aquellos que enturbian las aguas públicas. Pero bueno. Así es. Cosas de la academia.

El caso es que parecemos dominados por la retórica más sofisticada que no hace sino que pierdan sentido las palabras. Ordenamiento. Transparencia. Gobernanza. Autosustentable. Sostenible. Compromiso. Dominados por los marcos lógicos, las matrices, los planes de desarrollo, la transversalidad de género, la economía sostenible, las energías no renovables, renovables y sustentables y demás palabrería. Elevamos las ideas al punto de no entenderlas. Alejamos, cuanto más, las palabras de la realidad, como una manera de no sentir el dolor, la pobreza, la miseria e incluso las alegrías, los pequeños triunfos, los gestos amables.

Hablamos en las nubes, tan alto, tan alto, que no importa que nos entiendan los demás. Hemos inventado un idioma hecho a la medida de nuestras aspiraciones, como si bastara pronunciar unas cuantas palabras mágicas para cambiar la realidad. Justificamos nuestras derrotas conjugando en infinitivo nuestros deseos: deber, tejer, interactuar, valorar, aprehender y llenando de ellos eternos e interminables discursos. Y ahí se nos va la razón, perdemos el sentido común, nos alimentamos de la abstracción total de una manera tan elevada, pero tan elevada, que ni cuenta nos damos de que sube el pan nuestro de cada día, y las papas y las arvejas. Ha de ser cosa del ordenamiento y de la gobernanza y de la diversidad. Cada día se encarece todo. Cada día hay más carrazos 4 x 4 entorpeciendo el tráfico. Y a pesar de hablar de que vivimos el socialismo contemporáneo nos dejamos llevar por la vorágine del consumo, los descuentos, las deudas y las tarjetas de crédito al mejor estilo del capitalismo moderno. Y a pesar de las cumbres ambientales en donde se llenan la boca con las palabras ‘conservación’ y ‘calentamiento global’ se sigue talando madera de forma ilegal en el bosque, por más ecoconciencia o ecocompromiso digamos tener.