León Roldós

Respeto a las diferencias

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15 de January de 2014 00:01

No hay democracia cuando se descalifica al contradictor o se lo criminaliza, o se violan sus derechos, o se sataniza a una corriente de pensamiento o a colectivos de una sociedad -o a quienes son sus actores- por más poder que se acumule o por más votos que se obtenga en procesos electorales y/o plebiscitarios.

Usualmente los fascismos en vía de copar poder, con maquinarias e ingentes recursos de publicidad y de campaña, no han perdido en los sufragios. Los casos de Mussolini en Italia y de Hitler en Alemania en el siglo XX lo evidencian. Otros fascismos han seguido igual senda.

No es cierto que en una sociedad los gobernantes siempre actúan acertadamente, tampoco que, por ser tales, deben ser satanizados.

No hay sociedad de mujeres y hombres libres en que necesariamente una manera de ver las cosas deba generar plena coincidencia, casi con fuerza de dogma. De así aparecer las cosas, quizás lo implícito es el miedo a las represalias en caso de disentir. No será, entonces, el convencimiento, sino el miedo lo que haga aparentar esa coincidencia.

Y le podrán preguntar si tienen miedo, a quienes lo evidencien en sus actuaciones o en sus silencios, y en mayor demostración que si lo tienen, dirán que no actúan ni se silencian por miedo.

¡Qué contraste entre quienes se niegan a respetar las diferencias y lo que piensa, dice y hace el papa Francisco al frente de la Iglesia Católica! El avanza en la relación ecuménica con otras iglesias y religiones, y cuando se refiere a los ateos y agnósticos les anuncia que si sus actuaciones son por el bien, los encontrará en el Paraíso.

Verdad que todo poder será temporal pero aún así puede causar males de que sea difícil salir en democracia. O golpismos, o sustitución por otros que hagan lo mismo, o violencia social, o magnicidios, han sido terribles experiencias de salida, cuando se irrespeta a los que no se someten en un país. Ninguna de esas nos aproximan a la democracia.

Leía una información de que en el Ecuador, en tiempos que eran gobierno los de la "partidocracia", el Estado perdía juicios, porque la justicia estaba al servicio de intereses particulares, pero que ahora siempre debe ganar el Estado, y que cuando los jueces se han atrevido a fallar diferente, han sido procesados, separados y aun enviados a la cárcel. Cuánto bien se haría en evidenciar los fallos, porque no se trata de qué parte -la entidad del Gobierno o los particulares- debe ganar, sino que los fallos sean justos.

¿Aún estamos a tiempo de que se admita que los del poder o los críticos de éste nunca serán infalibles, que pueden tener o no razón, pero solo una justicia imparcial podrá evidenciarlo y que se pase de la descalificación al diálogo y la tolerancia democrática, para quienes piensen y se pronuncien diferente? ¿Será ingenuo pensarlo?