Roberto Salas

Resiliencia

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En estos días es muy importante hablar sobre la capacidad de resiliencia de nuestro país. Esto significa, en palabras sencillas, la capacidad de recuperación frente a situaciones traumáticas. Su relevancia aplica para determinar, desde la capacidad de recuperarse de una persona o familia frente a una enfermedad o pérdida de un ser querido, hasta la capacidad de una empresa, una ciudad, o un país, de recuperarse ante desastres naturales.

El concepto también es aplicable desde otros puntos de vista: los eventos personales están ligados a la resiliencia psicológica. En desastres que provocan pérdida dramática de diversidad o equilibrio medio ambiental, aplica la resiliencia ecológica.

Problemas sociales, como revoluciones destructivas que implican descomposición de la sociedad de un país, necesitan de resiliencia social e incluso política.

De aquí nace una pregunta relevante. ¿Porqué unas personas, familias, empresas, organizaciones, ciudades o países son más resilientes o pueden recuperarse mejor que otros ante la adversidad?

Se sabe que la recuperación personal ante pérdidas dolorosas depende de factores como el grado de auto estima y seguridad de las personas. En lo ecológico, es importante la capacidad de auto regeneración del hábitat. En el caso empresarial, depende de la capacidad de interacción y autogestión de los grupos. En ciudades y países, lo fundamental es la capacidad de organización y nivel de confianza entre diversos actores de la sociedad.

A nivel empresarial, en un mundo con nuevos paradigmas en formación, como mayor volatilidad e incertidumbre, avances tecnológicos más rápidos, públicos más exigentes, y confusión entre la información pública y privada; la capacidad de resiliencia depende cada vez mas del nivel de entendimiento oportuno de las fuerzas tecnológicas y sociales. También de la fluidez de la comunicación al interior de la empresa como en el exterior, lo que puede crear vasos comunicantes que construyen una mayor influencia de los liderazgos, conectándolos mejor con los grupos involucrados, facilitando la interacción y la creación de soluciones.

Respecto a ciudades y países, esto depende de la creación preventiva de capital social o la capacidad de cooperar entre diversos actores. Cuando esto no existe, la reconstrucción depende de pocos, no preparados, ni con la confianza necesaria, lo que ralentiza el proceso de recuperación o lo hace más costoso.

En nuestro país, hay crisis de confianza entre diversos sectores. Eso no se va a solucionar por el terremoto, pero puede ser aprovechado para adaptar los liderazgos, provocar la construcción de un tejido social más amplio, abierto, organizado, y así comenzar a armar la virtud más sólida de toda institución humana: la confianza entre unos y otros.