Enrique Ayala Mora

¿Representación?

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23 de December de 2011 00:07

Desde los primeros años de la vida republicana del país se han dado agrios debates y continuos cambios en la legislación sobre elecciones. Al inicio, solo unos pocos propietarios varones y alfabetos podían votar. Eran menos del uno por ciento de la población nacional. Poco a poco se amplió el electorado a todos los mayores de edad que sabían leer y escribir, con restricción por renta o propiedad. En los años veinte se aprobó el voto femenino y en los ochenta el de los analfabetos.

Todas las cuestiones mencionadas fueron objeto de duros enfrentamientos, pero hubo aún mayores conflictos por la forma en que se distribuían los puestos en las elecciones pluripersonales. Al principio, el que ganaba, aunque fuera por un voto, se llevaba todos los puestos. Ya avanzado el siglo XX se aceptó la representación de las minorías y se adoptó un método que funcionó por décadas. A fines del siglo pasado e inicios del presente se han adoptado sucesivamente otros métodos desarrollados en otros países, sin que ninguno de ellos durara mucho.

El que los gobiernos o las mayorías parlamentarias tendieran a adoptar sistemas de votación y distribución de puestos que les favorecieran en las elecciones no es novedad. Pero se podría esperar que el pasado no se repita cuando se habla de cambios y de revolución, rechazando el pasado dominado por la partidocracia. Podríamos aspirar a que no se repita la mala costumbre de cambiar las reglas electorales faltando poco tiempo para el inicio de un proceso, menos aún si para ello se usan los viciosos procedimientos de compra de votos en la legislatura.

La verdad, sin embargo, es que más allá de las declaraciones de que vivimos nuevos momentos, se va a repetir el lamentable cambio de las reglas en víspera de las elecciones, a base de cálculos coyunturales que favorecen al Gobierno. Y es previsible también que se adopte un sistema de distribución de puestos que favorezca a las listas que sequen más votos, desechando el principio de la representación proporcional, en detrimento de la democracia.

Es censurable cambiar los mecanismos electorales con dedicatoria y consigna coyunturalistas, repitiendo viejas taras. No es necesario cambiar el método de adjudicación de escaños, peor aún si lo que se piensa es favorecer al oficialismo sin eliminar, por ejemplo, mecanismos profundamente reñidos con la democracia, como el que un funcionario pueda ser candidato sin dejar la función que ejerce, llevando su campaña electoral desde el poder, usando desembozadamente los recursos públicos.

Combatimos a los socialcristianos cuando reemplazaron un método de distribución de puestos en las elecciones que promovía la representación proporcional, por un cuasi monopolio de las dos fuerzas más votadas. Si ahora hay un intento similar, tenemos la obligación de combatirlo también.