Manuel Terán

Remezón

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6 de February de 2013 00:03

Las publicaciones aparecidas en la prensa española sobre la supuesta doble contabilidad llevada por el ex tesorero del Partido Popular, Luis Bárcenas, en la que se registraban aportes de empresas que no eran declarados a las autoridades pertinentes y que sobrepasaban los montos permitidos por las normas españolas, recursos que aparentemente habrían servido para realizar pagos a altos representantes de dicha organización política, han causado enorme revuelo en el país ibérico. Semejante revelación ha puesto en una incómoda situación al propio Presidente del Gobierno que, ante las circunstancias, ha tenido que salir a declarar que él no recibió dinero alguno y que cualquier acusación en ese sentido carece de todo fundamento. Lo sucedido pone en evidencia una vez más que el papel de la prensa independiente es fundamental si lo que se quiere es fortalecer la democracia, para lo cual resulta indispensable tener la capacidad de investigar al poder. Solo a través de estas acciones se coloca en evidencia prácticas que pueden estar reñidas con la ética y la moral; y, en todo caso, corresponde a las autoridades judiciales realizar las investigaciones pertinentes para determinar si se burló la ley, para sancionar sin miramientos a quienes resulten culpables.

Lo acontecido muestra cómo deben funcionar las instituciones en sociedades modernas. No procede la descalificación, sino que órganos judiciales independientes deben llevar a cabo las investigaciones que ameritan y determinar si se produjo o no la infracción. Si se perpetró corresponderá señalar a quienes la cometieron y su grado de participación. La prensa habrá hecho su papel al denunciar lo sucedido y hacer seguimiento. Son otros ahora los órganos investidos de la potestad de investigar lo sucedido y sancionar a los responsables en caso que corresponda.

Pero el quehacer periodístico no es infalible. Hace pocos días un diario español incurrió en un error por el que se vio obligado a pedir disculpas. Por un poco más de una hora se publicó en su versión digital una supuesta foto del coronel Chávez en un hospital. La primicia resultó un fiasco al comprobarse el engaño inducido por una agencia noticiosa. Lo anterior demanda cada vez mayor profesionalismo y minuciosidad en el quehacer periodístico, en una tarea difícil en la que el tráfago diario exige salir con la noticia casi al mismo tiempo en que el hecho se produce.

Lo que cabe preguntarse es si todos estos eventos que ponen en entredicho al poder saldrían a la luz en países donde la prensa es controlada por los gobiernos, donde los medios de comunicación solo tienen como fin reproducir la propaganda oficial o lo que les interesa a los regímenes. Pueden producirse errores, indudablemente, pero lo peor sería no contar con la posibilidad de que los desafueros sean conocidos por todos y que la impunidad sea la norma bajo la cual se amparen los que buscan favorecerse del poder.