30 de April de 2010 00:00

Una reforma básica

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Enrique Ayala Mora

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Por meses se ha mantenido el enfrentamiento entre las universidades y escuelas politécnicas y el Gobierno por la formulación de la Ley de Educación Superior. Las marchas unitarias y masivas realizadas son una medida de su intensidad.

Cuando le tocó conocer el proyecto enviado por el Ejecutivo, la Comisión de Educación de la Asamblea Nacional, con mayoría del Movimiento País, presentó su informe para el primer debate con una versión que, en términos generales, repetía el proyecto del Gobierno. Pero posteriormente se han abierto canales de diálogo con el sistema universitario nacional, que han permitido avances en la búsqueda de un informe consensuado.

En ánimo de llegar a un solo informe para el segundo y definitivo debate en la Asamblea, se estableció una comisión mixta entre la Comisión de Educación de la Asamblea y delegados de los organismos e instituciones de la Educación Superior. Al principio, la incomunicación y el enfrentamiento se mantuvieron, pero en los últimos días se dieron reuniones de trabajo que permitieron algunos acercamientos.

La comisión mixta ha formulado un texto común que recoge consensos en buena parte de los artículos. Hay acuerdos en puntos en los que antes había desacuerdo. El trabajo ha permitido también mejorar significativamente la organización y la redacción de la futura ley. Pero en algunos temas fundamentales se han mantenido discrepancias, especialmente en el ejercicio de la autonomía y la composición y competencias de los organismos que dirigirán la Educación Superior.

Un elemento básico de la necesaria reforma es un avance en la reformulación del régimen académico del país, no solo para que se mejore la calidad de las carreras y programas, sino también para que nuestros grados y títulos puedan ser aceptados y reconocidos en el exterior.

Para un régimen académico renovado se debe adoptar dos niveles fundamentales en las titulaciones: grado, también llamado pregrado, y posgrado. El primero corresponde a la licenciatura y los títulos profesionales (abogado, economista, etc.). El segundo corresponde a especialización, maestría y doctorado. Es de esperar que al final se adopte esta modalidad vigente ya en la mayoría de los países del mundo.

De manera especial debe promoverse el doctorado como el grado académico más alto del país, con un nivel internacional equiparable al PhD o al doctorado europeo. Para ello deben dictarse normas claras que lo distingan de los antiguos doctorados que se concedían con el título profesional y que no corresponden a los estándares que rigen en otros países.

La renovación no será fácil, pero hay que emprenderla y es importante que todas las instituciones se comprometan a llevarla adelante como una de las garantías para la mejora de la calidad de nuestro nivel superior.

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