Washington Herrera

Refinería del Pacífico

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No es responsable creer que el próximo 24 de mayo el Ecuador pueda adjudicar la Refinería del Pacífico a una empresa privada, como dice el joven ministro de Comercio Exterior (Líderes marzo 19/2018), cuando el ministro de Hidrocarburos dijo que hay que gastar USD 3 000 millones más en obras complementarias y necesarias para una refinería. Es decir que con los USD 1 500 millones que ya se malgastaron vamos a invertir USD 4500 millones en favor de la empresa que quiera hacer dicha obra, con lo cual la gasolina que se produzca sería la más costosa del mundo e imposible de exportar. El apresuramiento y la falta de conocimiento de la complejidad de estas grandes obras son factores que generan ilusiones costosísimas, tal como ya ocurrió con el macro error de Correa al respecto.

La empresa que decida invertir más de USD 6000 millones en construir tal refinería pedirá una alta rentabilidad, segura y garantizada, para producir combustibles que tienen y tendrán un precio fijado y controlado políticamente por el Estado. Además habrá que otorgar una concesión a muy largo plazo, comparable con la concesión del puerto de Posorja, es decir de 50 años, para construir en un sitio de alto riesgo sísmico.
Una refinería para hacer combustibles no genera un valor agregado importante, pero si lo haría si se producirían materias primas para la industria petroquímica como metano, etano, propano, butano, benceno, que sirven para hacer fertilizantes, fibras sintéticas, plásticos, pinturas, llantas, resinas, lubricantes, entre otros productos de alto consumo mundial. Pero esto es una ilusión, pues los grandes complejos petroquímicos que ya existen en el mundo han sido hechos con inversiones enormes que están fuera del alcance de una economía pequeña como la ecuatoriana.

Además tal refinería se terminaría hacia el año 2025, año en el que las empresas automotrices mundiales lanzarán al mercado cantidades enormes de automotores eléctricos, en cuyo caso bajaría la demanda de combustibles. Si el Ecuador sigue exportando petróleo mientras haya reservas, ese ingreso debe servir para comprar gasolina de buena calidad (no como la que consumimos ahora), a precios competitivos, sin tener que mantener por décadas a una empresa con subsidios desmesurados que salen de nuestro bolsillo.

Impulsar este proyecto costosísimo a toda costa como respuesta política al electorado de Manabí sería irresponsable. En su lugar Manabí requiere de un programa de desarrollo sustentable como el riego expandido para agricultura de exportación, ganadería de carne, agroindustria, pesquería altamente tecnificada, enlatados de productos del mar de alta gama, proyectos turísticos de primer orden, servicios logísticos portuarios de alto nivel, es decir proyectos que empleen gente por largo tiempo, de modo sostenible, ya que una refinería no es empleadora sino altamente intensiva en capital.