31 de May de 2010 00:00

¡Para qué Refinería del Pacífico!

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 0
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 0
Roque Sevilla Larrea

¡Resulta ilógico que un país petrolero como el nuestro tenga que gastar varios miles de millones de dólares para importar gasolina, diésel y lubricantes y así satisfacer las necesidades internas de consumo de combustibles!

El más elemental cálculo nos hace concluir que al país le conviene procesar su propio crudo y volverse independiente de importaciones. Pero de allí a invertir USD12.500 millones en una refinería gigantesca, más cientos de millones en facilidades portuarias y oleoductos, hay una gran distancia.

Un sesudo artículo de Bernardo Creamer del Boletín “Koyuntura”, analiza lo poco rentable del proyecto y los peligros que semejante inversión corre. Primero indica que tanto la tasa Interna de Retorno como el Valor Actual Neto del proyecto es ajustadísimo y que cualquier cambio en los costos pondrá las cifras en rojo; luego advierte de la gran competencia que enfrentará esta nueva refinería, tanto de las refinerías largamente depreciadas del Caribe así como de las nuevas: la de Hidalgo de Pemex en México y la Abreu e Lima del consorcio venezolano-brasileño en Pernambuco; finalmente previene que la fuente de abastecimiento de la refinería es el ITT y que esos pozos producirán petróleo por un período que representa tan solo un tercio de la vida útil de la refinería. Después habrá que importar el crudo con un incremento del 3.5% en el valor de la materia prima y una reducción de la rentabilidad de un 1.5%. En resumen llevar a cabo este proyecto no tiene ni pies ni cabeza.

Los socios son Petroecuador y Pdvsa que están al borde del colapso por falta de capitales de inversión. La solución es aliarse en un 70% con un inversionista internacional. Ahí sí las cosas funcionan. La pregunta que Creamer se hace con razón es: ¿dónde queda la soberanía ecuatoriana sobre los recursos estratégicos?

Lo racional es primero parar este millonario desperdicio de recursos, que comenzó con la compra de un gigantesco terreno y continuó con la contratación de la empresa coreana SK&EC para que haga los estudios de ingeniería básica por la impresionante suma de USD260 millones. Luego hay que construir una refinería que cuesta el 8% de lo que cuesta el elefante blanco del Pacífico y que procese lo que ahora importamos: 20.000 barriles de gasolina y 40.000 de diésel. Además se debe repotenciar las refinerías de Esmeraldas, La Libertad y Amazonas. Esto nos ahorraría un chorro de plata y garantizaría la seguridad energética.

Lo mejor de todo, es que no se justificaría destrozar aún más el Parque Nacional Yasuní ni atentar contra la subsistencia de los Tagaeri y los Taromenane. También permitiría hacer una realidad la Iniciativa Yasuní-ITT, que, como lo ha demostrado en su último estudio Carlos Larrea, es la opción económica más rentable.

Descrición
¿Te sirvió esta noticia?:
Si (0)
No (0)