José Ayala Lasso

¿Reelección?

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13 de October de 2012 00:01

Las Constituciones latinoamericanas han dispuesto, casi siempre, que el gobierno de la república sea -entre otras características- alternativo, es decir que los gobernantes cambien periódicamente, mediante procesos legales, a fin de evitar que se eternicen en el poder.

La alternabilidad es corolario del derecho humano a participar en el gobierno del propio país. La historia demuestra que quienes abusan del poder buscan prolongar su mandato y realizan cambios para dar aparente validez jurídica y política a esa ambición. Usan los valores democráticos para burlarse de la democracia. Se aferran al poder por una deformación ética y evitan así la investigación de abusos e incorrecciones.

Lula da Silva apoyaba la alternabilidad y añadía que cuando un dirigente político se cree indispensable, está naciendo un “pequeño dictadorcito dentro de él”. Ricardo Lagos decía que democracia es saber hacer las maletas y alejarse del poder. Los presidentes Zelaya y Lugo pretendieron, en cambio, reformas anticonstitucionales para prolongarse en el poder. Otros han apelado a la “voluntad popular” con el mismo propósito. Chávez acaba de ser reelegido en Venezuela. Sin embargo, ¿es esa una manifestación de la voluntad popular soberana o el resultado de políticas clientelares que corroen la democracia? ¿No tenemos entre nosotros líderes que nos anuncian su voluntad de permanecer 300 años en el poder? ¿Es esa la democracia que necesita el pueblo ecuatoriano?

Balaguer, en los años 50 del siglo pasado, reconocía que el gobierno de Trujillo no era democrático, “puesto que lo esencial de la democracia es la alternabilidad de los poderes”, pero añadía “si hemos sacrificado el dogma de la alternabilidad, fundamento de la teoría del gobierno representativo, hemos creado en cambio nuestra propia democracia y gracias a Trujillo somos hoy el pueblo más auténticamente igualitario que existe en el continente americano”. ¿Queremos inventar un nuevo Trujillo en nuestros engañados países a cuyos pueblos se les induce a comulgar con la rueda de molino de que la revolución social necesita más tiempo y más poderes para rendir los frutos que proclaman sus mesiánicos líderes, y que la alternabilidad está bien para los presidentes mediocres, pero no para los dominados por una pasión salvaje de trabajar, dotados de un genio político y de una capacidad de mando incomparables, como adelantó Balaguer?

Los proyectos políticos no dependen de una persona: son las instituciones serias las que aseguran la buena ejecución de políticas públicas.

Recordemos lo que dijo Bolívar en 1819: “...nada es más peligroso que dejar permanecer largo tiempo a un mismo ciudadano en el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerlo y él se acostumbra a mandarlo; de donde se originan la usurpación y la tiranía”.