Farith Simon

Reelección y 
democracia

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1 de junio de 2014 18:08

¿La reelección indefinida afecta el carácter fundamental del Estado ecuatoriano? ¿Deja de ser democrático cuando se permite la reelección indefinida? ¿La alternancia del poder se entiende como un elemento característico de la democracia?

Estas preguntas son de especial relevancia en el momento político que vive el Ecuador; de las respuestas dependerá considerar a la propuesta de enmienda de Alianza País como respetuosa –o no- de las normas constitucionales que regulan su modificación.

En la Constitución del 1998 se establecía que el estado social de derecho y democrático tenía como uno de sus elementos el ser “alternativo”. En el texto vigente esto no se encuentra, el Estado constitucional de derechos es calificado como democrático sin referencia a la alternancia; se asumió –y así lo han dicho varios analistas y actores políticos- que la reelección limitada a un período era una expresión concreta de esa condición; la permanencia indefinida en el poder, sin importar que esto sea resultado de una elección, no era la opción aprobada por el soberano. Dos períodos en una dignidad eran el límite, con esto se podría asegurar continuidad en el ejercicio de la función y reconocer –o castigar- un accionar político.

No estoy seguro de que enmendar las reglas sobre reelección alteren el carácter democrático del Estado o al menos uno de sus elementos fundamentales; me inclino a pensar que no es así, que lo democrático representativo del Estado, en lo formal, se concretaría en elecciones directas, periódicas, transparentes; por esto, la vía elegida para enmendar la Constitución, por parte del movimiento político gobernante no es inconstitucional, lo que dejaría el camino libre para que Rafael Correa tenga la opción de presentarse como candidato para ejercer -en la práctica - un cuarto período.


Siendo de gran relevancia la discusión sobre la vía de enmienda constitucional, este proceso debe tomarse como una poderosa evidencia de la debilidad política y la inconsistencia del discurso de Alianza País.


AP se revela como un movimiento frágil, sin recambio político, dependiente de una sola persona; no parece diferenciarse de la partidocracia caudillista que tanto han despreciado, de aquella que modificaba las reglas del juego para responder a sus intereses.


Varios de los miembros más relevantes de AP repudiaron de forma repetida la posibilidad de la reelección indefinida, la consideraban una aberración, un medio para buscar perpetuarse en el poder, un gran daño para el país, al tiempo que defendían repetidamente que en temas trascendentes se consulte al soberano.

Seguro pensarán que una buena campaña de comunicación, la repetición hasta el cansancio de unas cuantas frases sobre la mesiánica revolución, hará que esto se olvide. Es probable que eso ocurra, pero la historia les recordará su inconsistencia e inconsecuencia porque con la reelección indefinida están desfigurando a la democracia.