María Cárdenas R.

Tarea de todos

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mcardenas@elcomercio.org

Es imposible no comentar los mensajes de Twitter que dan vueltas y vueltas. Los leen todos, algunos, en este universo de twiteros, creen ciegamente en esas palabras, si estas fueron escritas por el primer mandatario. Me refiero al actual presidente, a sus promesas de campaña y a su invitación de estos días, para llamarnos a todos, a hacernos responsables; que, de todos, es la tarea de irrumpir finalmente en la corrupción, de acabar con ella, de enterrarla por siempre, junto a la década donde proliferó la corrupción. Antes que de nadie, si no está involucrado, que sólo el pasar del tiempo y las acciones que tome desde su liderazgo lo podrán demostrar, es su tarea, como representante del pueblo y escogido, según tenemos entendido, por la mayoría, para cumplir con su lema de campaña. El otro cincuenta por ciento, viene clamando por acción, no más palabras ni promesas, nada a medias, no más escapes del país porque nadie lo sabía, no más tapaditas de amigos o compinches. ¡Acción! Hechos reales, comprobación, acusaciones y cárcel si es necesario. Transparencia.

Esa es la clave, transparencia, honestidad y, lo dice él: valores. Lo ansía la población. Quienes lo eligieron y, el resto, también, quienes no rayaron la papeleta a su favor. Estos últimos, iniciaron lo que él llama cruzada. Somos un altísimo porcentaje, queremos que el mandatario ejemplarice la lucha contra la fragante y rampante corrupción, característica de la última década. Rogamos porque él, el electo por una mayoría casi imperceptible, convierta en su tarea la erradicación de la corrupción. Nos guíe, nos demuestre que hay que ser valientes, que no hay que temer, que la transparencia es la nueva consciencia colectiva, para salir victoriosos contra este monstruo que ha pasado por desapercibido.

Lo necesitamos como país, para que nuestra juventud no siga convencida que ser vivos y aprovecharse del poder, en cualquier nivel, privado o público, menos aún en el gubernamental, es normal, permisible. Que comprenda que corrupción es robo, sí, común robo. Que no importa si es apropiación física de dinero que no le pertenece porque es del pueblo, que también existe el abuso, robo, de poder e influencias. Que la corrupción pública es una burla al pueblo, que no es normal, que debe castigarse. Que no exista protección de nadie ni para nadie, así sea familiar, amigo o conocido.
Que no sea más una forma de vivir.

Que el presidente de la República invite a la sociedad a ser parte de esta guerra incansable, que demuestre que, a diferencia de décadas anteriores, quien denuncie será protegido y convertido en héroe, no perseguido y encarcelado. Que demuestre que los delatores serán protegidos no atacados. ¡Que lo haga! Sólo así será tarea de todos, incluyendo al mandatario que invita, quien llevará la batuta, la voz cantante y encabezará las acciones. Sólo así será tarea de todos. El Ecuador no necesita tweets, necesita acción transparente, afecte a quien afecte, sin preferencias, sin avisos, sin impunidad. Que no sea un vendaval, sino, una manera nueva de actuar, vivir y de consciencia al más alto nivel.