Richard Cortez

Las redes, vitrinas de ‘guapos y perfectos’

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Cuando escribo estas líneas, el reloj de la computadora marca las 11:34, del 18 de noviembre del 2015; mientras, al otro lado del mundo, en Tokio, son la 01:34 del jueves 19 de noviembre.

Simple ejemplo para resaltar la relatividad de las cosas, más aún en situaciones o actividades relacionadas con el género humano. Y dentro de esto están los parámetros de la belleza.Por fuera de concordar o no con las valoraciones que se dieron en la organización del concurso Reina de Quito de este año, está la realización de un evento, parte de las festividades de Fundación española, en el cual tras una selección participaron 10 candidatas que el sábado pasado fueron protagonistas en el Teatro Sucre. Día movido para familiares, amigos, autoridades y organizadores; pero también para aquellos usuarios de las redes sociales, especialmente Twitter, que están en el selecto y preciado grupo de los ‘bellos y las bellas’. De lo contrario, no se puede entender como, a mansalva, “disparaban” mensajes criticando a todas, pero absolutamente a todas las candidatas, utilizando sin pudor adjetivos y calificativos groseros, ofensivos y hasta burdos que, estoy seguro, no los esgrimirían en persona, de frente, sin el anonimato propio de esta tecnología.

No quedó candidata con cabeza. La belleza para ellos fue agredida a tal punto de decir que no se elegía a las más bonita sino a la quiteña menos fea y otras perlas más. Tras conocerse los resultados, y con baterías recargadas, el tiroteo virtual continuó...

Pero el Reinado de Quito va más allá de encajar dentro de los relativos cánones de belleza. Se trata de una corona que permite mayor visibilización para la ejecución de proyectos sociales que tienen en niños con cáncer o síndrome de Down sus beneficiarios. También jóvenes o integrantes de la tercera edad.

Quienes conocen de cerca a la actual reina, Angie Vergara, saben que es una joven que se compromete con lo que hace y con lo que se propone y, en esa agenda, está su proyecto para reducir el acoso que toda mujer, bella o no, sufre en el transporte público.