Opinión
Benjamín Fernández

La recuperación de lo público

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21 de August de 2013 00:01

Si algo caracteriza a los tiempos del relativismo es la ausencia clara de definiciones en torno a conceptos y valores. Entre ellos la idea de lo público, de lo colectivo... es claramente uno de ellos. Casi siempre la definición de que el líder sabe e interpreta lo que el pueblo desea es una reducción peligrosa entre el sentido de lo público y el concepto egoísta de lo propio. El erigirse como el exégeta y el realizador de la voluntad hace que muchas veces la idea de la democracia se reduzca a la voluntad autoritaria del Mandatario de ocasión. La idea de lo público requiere ser redefinida en estos tiempos de interconectividad que supera con creces el formalismo ritual de los comicios cada cierto tiempo.

Temas como las cuestiones ambientalistas que resultan variables tan importantes en los tiempos actuales o decisiones económicas de alto impacto requieren un consenso con la sociedad que muchas veces el poder político nada acostumbrado a respetar ni fortalecer las instituciones termina usándolos como muestra acabada de incapacidad de diálogo y de construcción de consenso. Nada describe a un líder político en su carácter autoritario como la acción de definir lo que considera apropiado sin consultas con nadie y con absoluto desprecio a la opinión de sus ocasionales adversarios. La percepción ciudadana en todos estos casos acerca la figura del Mandatario a una condición de mandante y de autócrata que riñe profundamente con el concepto mismo de la democracia.

Existe una extraña manera de interpretar el diálogo como debilidad cuando es justamente lo opuesto. Lo que da duración en el tiempo, legitimidad en el corto plazo y busca mecanismos eficaces de gestión es consultar, negociar y consensuar las decisiones nacionales que por su carácter democrático tendrían que haber incorporado ese mecanismo como absolutamente natural a la gestión de Gobierno. Lo opuesto es usar el ritual democrático como fachada que encubre un profundo arraigo autoritario en la figura de un Mandatario que se erige por sobre las formas y el fondo de este Régimen político. Dialogar es fortalecerse en la capacidad de comprender que no existe una razón única que excluye toda verdad ajena. Un Mandatario democrático se define en el acto de entender que existe una verdad más allá de la suya y que el disenso enriquece su propia percepción de una realidad determinada .

Parece simple pero no lo es en un subcontinente acostumbrado a no conversar y menos a lograr consensos políticos sólidos de cara hacia el futuro. El predestinado que se cree por encima de todos y de todo, ha sido uno de los causantes de nuestra pobreza y marginación. Debemos corregir esta actitud limitante y limitada de entender lo público más allá de la definición privada que hacemos del mismo.