29 de April de 2014 00:02

El valor de rectificar

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 0
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 0

Cuando Einstein definió locura como insistir en hacer lo mismo una y otra vez esperando resultados diferentes estaba retratando de alguna manera no la persistencia sino la tozudez, no la confianza en lo que se hace sino la incapacidad para rectificar. Y es que rectificar no resulta siempre fácil. Se requiere valor para hacerlo.

Son muchos los éxitos nacidos de una rectificación a tiempo. Hace apenas unos años España se debatía en una situación difícil. Hoy sale lentamente. No tanto ni tan rápido como se esperaría, pero los números hablan de crecimiento, mayor actividad económica, más inversión, confianza. La corrección de las desviaciones macroeconómicas heredadas del Gobierno anterior se refleja en resultados.

Francia vive otro caso de rectificación. Luego de admitir que el país atravesaba dificultades (pérdida de competitividad empresarial, aumento del paro, reducción de la participación del sector manufactura en el producto interno bruto) el Gobierno anunció reformas, algunas de las cuales ofrecen ya resultados.

Criticado por unos pero alentado por otros, muchos de ellos de las propias filas socialistas, Hollande ha optado por medidas económicas más enérgicas, por políticas más realistas y por la definición de metas más concretas. Se ha propuesto reducir el gasto público, aumentar la competitividad, revertir la tendencia al incremento del desempleo. Con sus decisiones se ha arriesgado al descontento del sector más tradicional de la izquierda francesa pero ha atendido el pragmatismo de un socialismo moderno.

En la Venezuela de hoy no se observa una verdadera voluntad de rectificación. No hay anuncio de políticas públicas que reafirmen el respeto a la propiedad privada, alienten la productividad, generen confianza, afirmen el respeto a la institucionalidad democrática, la independencia de los poderes, el ejercicio no politizado de la justicia. Persisten, al contrario, la desconfianza, la voluntad estatizadora, el recurso a la amenaza y a más controles. Se insiste en ver una crisis inducida para negarse a reconocer una crisis estructural y de modelo.

Parecería que las invitaciones al diálogo económico han tenido como propósito hacerse escuchar más que escuchar, apuntalar las decisiones más que rectificar. Se anuncia una nueva ofensiva económica pero se insiste en llamar exitosa una política de evidentes resultados negativos. Se precisa que esta nueva ofensiva es diferente de la anterior "porque está concebida para impulsar los cambios estructurales que necesita el modelo económico rentista", pero lo que se promete es apenas "destrabar mecanismos burocráticos". La productividad, es bueno recordarlo, no se decreta. La producción no se genera de un día para otro ni responde a una orden.

Rectificar exige valor, pero también honestidad y credibilidad. Su aplicación se impone como un ejercicio de paciencia, de persistencia y de eficacia. No hay rectificación posible mientras se mantenga el apego a las causas del fracaso.

Descrición
¿Te sirvió esta noticia?:
Si (0)
No (0)