1 de August de 2010 00:00

Recién nomás lo hicimos bien

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Vicente Albornoz Guarderas

Después de 2 décadas perdidas, la economía ecuatoriana tuvo un importante período de crecimiento entre 2001 y 2006. Y no hubo ningún secreto, excepto un poco de suerte, respeto a la inversión y mucha estabilidad.

Entre 1982 y 2001 el PIB por habitante no creció. Fue una época muy dura para la economía y, aunque hubo años de crecimiento, en otros la producción cayó y, en promedio, al final de período, los ecuatorianos éramos igual de pobres que al comienzo.

La crisis de la deuda en 1982, las inundaciones de 1983, el terremoto de 1987, la guerra con el Perú de 1995 y las inundaciones de 1997 son sólo los golpes más duros que recibimos. Y eso empeora si se suma la mala política monetaria de 1987 y 1988 y el pésimo manejo de la crisis bancaria de 1998. Si a ese desastroso cuadro se le se añade el mal precio del petróleo de esas décadas, queda claro que fueron años muy duros en los que, como ya se señaló, la riqueza por habitante no creció.

Los países en los que la riqueza no crece sufren un serio problema y es que para que una persona se haga rica, otra tiene que hacerse pobre. Es más, se podría hasta lanzar la hipótesis que la experiencia de esas dos décadas es lo que produjo en nuestra izquierda populista en esa actitud de "no te enriquezcas que me estás empobreciendo".

Pero, afortunadamente, la cosa cambió a partir de 2001. Hasta el año 2006, el crecimiento del PIB por habitante fue de 3,5% anual, algo que no habíamos visto desde la década de los 70. La ausencia de crisis externas ayudó mucho, al igual que el buen precio del petróleo (si bien recién se disparó a mediados de 2005). Pero también ayudaron la estabilidad económica (derivada de la dolarización) y un marco jurídico que respetaba la inversión privada, tanto nacional como extranjera.

La estabilidad económica fue la base de un boom del crédito (que ayudó a la construcción y el consumo). Por otro lado, una constitución y unas leyes abiertas a la inversión extranjera permitieron que la producción petrolera crezca fuertemente y que se construya un nuevo oleoducto. Los efectos sociales no se hicieron esperar y la pobreza cayó muy rápidamente en ese período. Como la riqueza creció, muchos pudieron salir de la pobreza sin necesidad de quitarle nada a nadie.

Claro que había problemas, desde los estructurales como la educación hasta los lacerantes como la corrupción, pero el país, en general, estaba en el camino correcto. Lo ideal hubiera sido atacar esos problemas y no crear nuevos. Si lo hubiéramos hecho, el país podría estar creciendo al 4% como Colombia, al 7% como el Perú o hasta más por el excelente precio del petróleo. Pero como decidimos tomar el "atajo populista" estamos creciendo a la miserable tasa de 0,4%, otra vez, creciendo más lento que la población.

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