21 de June de 2012 00:02

Ray Bradbury

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Oscar Vela Descalzo

Hace pocos días falleció en Los Ángeles, California, el famoso escritor y cineasta norteamericano Ray Bradbury.

Tenía 92 años, tiempo suficiente como para apartarse de este mundo atribulado que, irremediablemente, va en descenso, sin frenos, a la orilla de un abismo infinito. Un mundo demencial con drogas sintéticas que hunden a los consumidores en el canibalismo, como antesala de su propia muerte; con mercenarios despiadados al servicio de las mafias del narcotráfico; con líderes espirituales que incitan a la barbarie; con abusadores de niños encubiertos dentro de los templos destinados al recogimiento y a la oración; con inquisidores contemporáneos, verdugos de la libertad, guillotinadores del conocimiento; con censuradores de palabra y pensamiento, moralistas inmorales, mandatarios corruptos, mandantes anestesiados; un mundo que el propio Bradbury imaginó como la más absurda y terrorífica ficción, convertida ahora en la cruel realidad de nuestros días.

‘Fahrenheit 451’ y ‘Crónicas Marcianas’, sus novelas más reconocidas, son obras representativas de la distopía o la antiutopía, esto es, la ficción perversa de la realidad en términos opuestos a la sociedad ideal.

En efecto, la imaginación de Bradbury nos entregó historias magistrales, como la de la conquista de Marte, en una alegoría contra el armamentismo, el racismo y la insignificancia del hombre dentro del universo; o la de ‘Fahrenheit 451’ (título que alude a la temperatura a la que se quema el papel), en la que el gobierno ordenaba la incineración de todos los libros por considerarse peligrosa la lectura y el conocimiento, conceptos opuestos a la felicidad concebida por la mente retorcida del gobernante. Esta, su obra cumbre, fue escrita en 1953 como una respuesta crítica a la censura de libros en la época del Macarthismo (Senador Joseph McCarthy, 1950-1956), y a la quema de libros en la Alemania Nazi (1933). ‘Fahrenheit 451’ será por siempre una de las banderas emblemáticas de la resistencia y el libre pensamiento.

Paradójicamente, Bradbury es considerado uno de los grandes escritores de ciencia ficción, y, sin embargo, sus obras han retratado cada día, de forma fiel y veraz, a los grandes pesares del totalitarismo.

Una de sus frases geniales resume toda una época, pasado y presente de las tiranías: “Hay peores cosas que quemar libros, una de ellas es no leerlos”.

Antes de su partida, prefiero imaginar a Bradbury agobiado por los horrores que percibían sus sentidos, afligido por el nebuloso destino de la humanidad, atormentado ante la visión delirante de sus personajes que cobran vida, una y otra vez, en una pesadilla tan sórdida como real. Prefiero imaginarlo, finalmente, entregado al todo y a la nada, envuelto en una calma tan sobrecogedora que le parecerá un sueño.

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