Carlos Alberto Montaner

Raúl Castro en el 2014

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7 de January de 2014 00:03

Raúl Castro inició el 2014 con otro discurso lamentable.

¿Por qué repite unas tonterías ideológicas en las que ni siquiera él mismo cree? Difícil saberlo.

Aparentemente, sigue la autoridad intelectual y moral de Fidel, aunque, como casi toda Cuba, piense que el Comandante es el causante de la catástrofe económica nacional.

¿Cómo saberlo? Ver la charla que Juan Triana Cordoví, profesor de economía de la Universidad de La Habana, da a la plana mayor de la policía política para explicar las reformas de Raúl.

El personaje los alecciona con autoridad. (Visitar enlace a YouTube en www.elblogdemontaner.com).

Pese a su discurso, Raúl admite que el igualitarismo es contraproducente, y que el Régimen se dedicó durante décadas a imponer unas prohibiciones que convirtieron la vida en un infierno.

Naturalmente, eso no significa que acepte reformas políticas.

El marxismo será un disparate, pero el estalinismo es muy útil para gobernar.

Raúl intenta corregir los desastres económicos producidos por Fidel porque de ello depende la supervivencia del Régimen. ¿Cómo? Admitiendo teléfonos móviles, compraventa de casas y autos, salida y entrada de los disidentes o contratación privada en el exterior de atletas. Medidas que no ponen en peligro al Gobierno y alegra a las masas.

También crea un tenue espacio económico -llamado "cuentapropismo"-- donde la sociedad civil desarrolla pequeñas empresas privadas para emplear a más del millón y medio de trabajadores estatales desplazados.

Sin embargo, lo esencial en esta reforma es el Estado que, dirigido por militares, mantendrá el control total de unas 2 500 empresas que forman el aparato productivo central. Esa es la parte del león.

O sea, Raúl invierte el principio de subsidiaridad: la sociedad civil se ocupará de todo aquello que el Estado no pueda abarcar.

Un perfecto disparate.

¿Cómo hacer que las empresas estatales generen beneficios permanentemente? Ese milagro radicará, según sueña Raúl, militar convencido de la utilidad de los refuerzos negativos, en los controles, auditorías, castigos y amenazas supervisadas por su hijo Alejandro, coronel de la inteligencia.

¿Cuánto tardarán Raúl y los "raulistas" en comprender que el Estado es un pésimo gestor de empresas pequeñas y grandes? ¿Por qué creen que todas las empresas públicas acaban siendo focos de corrupción, atrasadas tecnológicamente e improductivas? ¿Cuándo admitirán que el sistema comunista no es reformable, como confirmó Gorbachov en los años noventa? ¿O todo lo que desean es morirse mandando y los que vengan detrás que desmonten el error y el horror? ¿Es terquedad, cobardía, convicción, irresponsabilidad o todo eso junto?