16 de August de 2013 00:01

Rajoy, Santos y la visa

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Óscar Collazos

El presidente Santos quiso darnos una buena noticia, pero no tuvimos que esperar más de dos días para saber que no era tan buena ni valía la pena haberla convertido en titular de primera página. "Me acaba de llamar el presidente Rajoy -dijo- para decirme que muy pronto los colombianos no necesitarán visa para ingresar a Europa".

"Muy pronto" era, sin embargo, una medida de tiempo demasiado vaga si se trataba de revocar una medida que contribuyó a la estigmatización de los colombianos en el mundo. El hecho de que nos hayamos acostumbrado a llenar los requisitos de la solicitud de visado no quiere decir que hayamos renunciado al derecho a un trato digno.

Mariano Rajoy hizo saber que "España nunca ha querido esta exigencia de visado", pero, ¿cómo explicar que solo ahora se piense llevar a la Comisión Europea el asunto de colombianos y peruanos? La prensa de España se ha encargado de recordarnos que, siendo Rajoy ministro de José María Aznar, fue uno de los ministros de la UE que se abstuvieron de votar, así fuera simbólicamente, contra esta medida.

El País, de Madrid, corrió a advertirnos que los colombianos y peruanos deberán contener su emoción, por lo menos hasta el próximo año. Un "próximo año" que puede ser el 2015. Lo mismo hizo el editorial de El Tiempo del martes: la "noticia" no era tan buena noticia.

La historia de esta humillante imposición tiene 12 años y un episodio casi cómico, con su romántica muestra de dignidad exhibida. Un grupo de destacadas personalidades de la cultura colombiana -encabezado por García Márquez, Álvaro Mutis y Fernando Botero- prometió no volver a pisar España mientras existiera el requisito de un visado que da el derecho a entrar y salir por el tiempo concedido a la llamada zona Schengen de Europa.

Cumplieron durante breve tiempo la "amenaza", pero era una promesa insostenible. El mercado cultural de España, los lazos de amistad, los premios literarios, los congresos, todos esos rituales del arte y la cultura reblandecieron el propósito inicial y hoy no queda uno solo que no haya llenado los ominosos requisitos. Estos 12 años de parias coincidían, en cambio, con el posicionamiento de las empresas españolas en Colombia y con la firma de tratados de libre comercio con Europa. Nada de esto alteró, sin embargo, la naturaleza discriminatoria del visado.

La nota de El País tiene unas sutiles gotas venenosas, como todo lo que tiene que ver con el Gobierno del Partido Popular, ahora en el ojo del huracán. "El anuncio de Rajoy -decía el diario- sorprendió a sus colegas porque España no se había opuesto a esa posibilidad durante los casi 12 meses que habían durado las negociaciones para elaborar la lista de 132 países a los que la UE empezó a exigir visado a partir del primero de abril del 2001".

Dos días después del anuncio -con efectos publicitarios que se están devolviendo como un bumerán contra Santos-, la Comisión Europea respondió que no había recibido aún la solicitud española y que las cosas podrían ser demoradas. En resumen: el pasado fin de semana, Santos y Rajoy hablaron, vía telefónica, de intenciones que, por ser inciertas, no debieron volverse públicas.

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