Diego Cevallos Rojas

Correa y sus barbas en remojo

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Rafael Correa debería poner sus barbas en remojo. La corrupción que hubo en su gobierno, de la que apenas se conoce hasta hoy una mínima parte, lo salpica y podría llegar a involucrarlo judicialmente.

Correa, empeñado desde Bruselas en defender con arrogancia y mentiras su presunto legado luminoso, fue un presidente híper controlador, que todo sabía y resolvía. Su séquito de fieles --del entorno del gobierno o incluso de otras funciones del Estado-- cumplían sus deseos a pie juntillas.

Si una orden no se acataba o un pedido no se atendía, el ex presidente entraba en cólera y no dudaba incluso en humillar públicamente a sus subalternos responsables o en tratarlos como empleados de tercera.

El ex mandatario dio el visto bueno a múltiples obras bajo la lógica de la urgencia, sin concursos, sin vigilancia ni transparencia. Hoy ya se conocen de las coimas que hubo detrás de algunas de esas obras.

Correa y Jorge Glas son los principales responsables políticos de lo que pasó.

Pero según afirma el ex mandatario, al igual que el vicepresidente, ya encauzado judicialmente, en cuanto a corrupción, crisis económica, censura y persecución, él tiene cero responsabilidad. Este discurso no tiene piso.

No es descabellado que prospere el anuncio de la ciudadana Comisión Nacional Anticorrupción de que demandará a Correa ante la Corte Penal Internacional de la Haya por considerarlo el principal responsable del descalabro económico y moral del país y por la persecución a disidentes.

Además, es posible que más pronto que tarde surjan evidencias o acusaciones directas contra Correa por temas de corrupción.

Frente al escenario, Correa ha reaccionado fuera de “timing” y con pobreza de argumentos. Su pérdida de credibilidad es directamente proporcional al apoyo social que ahora recibe el presidente Lenín Moreno por coadyuvar a destapar la olla de corrupción y actuar de forma diametralmente opuesta a la de su antecesor.

Correa camina en un pantano y es posible que allí se quede junto a su sueño de volver a la Presidencia, pues en la consulta plebiscitaria que hará Moreno se preguntará por la eliminación de la reelección presidencial. Hay pocas dudas de que una gran mayoría apoyará ese punto.

Quienes imaginaron que con Moreno venía la continuación de la revolución verde flex y que todo seguiría igual, se han dado de bruces. El nuevo gobierno, con todo derecho y razón, está cavando la tumba al autoritarismo, el engaño y la arrogancia de correísmo.

Ojalá el sistema de justicia, sobre la que hay serias dudas, alcance a todos y termine por poner en su lugar a los corruptos. Del lado mayoritario de la ciudadanía, la sentencia parece estar clara: el correísmo fue un fiasco.