Reinaldo Páez

La radiología y la medicina

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Columnista invitado

Un pequeño laboratorio, en la ciudad alemana de Wurzburg, con pocos muebles, alambres, tubos de vidrio de distintas formas y tamaños, volvió a ser, la fría noche del 8 de noviembre de 1895, el lugar de frecuentes pruebas con electricidad y tubos llenos de aire o totalmente vacíos. Wilhem Conrad Röentgen se llamaba el investigador.

Cada vez que Röentgen activaba con corriente al tubo cubierto con un cartón negro, brillaba con una luz verdosa, una pantalla fluorescente y el efecto se repetía pese a la interposición de elementos voluminosos entre el tubo y el panel. Con enorme sorpresa observó el esqueleto de la mano su esposa, cuando la interpuso entre el foco y la lámina luminiscente. Luego reemplazó la pantalla por una película fotográfica y esa imagen se imprimió y originó la primera radiografía de la historia.

El genio dedujo que descubrió una radiación misteriosa e invisible que traspasaba cuerpos extraños, pero era detenida por los huesos y por eso la denominó rayos X (el signo de factor desconocido en álgebra). Sus trabajos e incansable experimentación le hicieron acreedor, en 1901, al Premio Nobel de Física.

Simultáneamente, los esposos Curie encontraban y manipulaban elementos naturales que emitían radiaciones; eran metales: uranio, torio, polonio y radio.

La ciencia de la radiación había nacido, mediante dos investigaciones diferentes, con resultados complementarios. Con la utilización de medios de contraste y equipos electrónicos se realizan exámenes de los vasos sanguíneos y de los todos los órganos internos de la economía humana, haciéndolos visibles y valorables en su estado de salud o enfermedad. Se descubrió que las radiaciones provocan efectos nocivos como mutaciones genéticas, leucemia y cáncer, pero también destruyen células malignas y coadyuvan en el tratamiento de tumores y enfermedades neoplásicas. Miles de pacientes han sido curados o son tratados con la radioterapia.

Hounsfield, en la década de los 60, fabricó el tomógrafo computado a base de rayos X, computadoras y sensores electrónicos y obtuvo, en cortes nítidos, rica información imagenológica.

El progreso tecnológico ha enriquecido el diagnóstico por imagen con nuevas fuentes de energía como el ultrasonido y los ecógrafos o el magnetismo y las resonancias magnéticas. Se ven más dolencias y aparecen tratamientos intervencionistas no invasivos que reemplazan con más éxito a complicadas intervenciones quirúrgicas. Esta evolutiva rama médica la originó Röentgen y hoy, tras muchos estudios y enorme entrega, se han formado valiosos especialistas, en este país y en el mundo, preparados para el servicio sacrificado y útil en beneficio de los pacientes. Para homenajear al precursor se ha designado al 8 de noviembre como Día Universal del Radiólogo; es justo reconocer la labor de estos profesionales y de ese enjambre numeroso de estudiantes de esta amplia, moderna y generosa especialidad.